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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 03
    Junio
    2015

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    Murcia

    Trabajadores sin techo

    La historia se repite. A la sombra de alguna olivera solitaria, en un descampado urbano, justo detrás de Mercadona, se agolpan decenas de temporeros inmigrantes sin otro techo que el de sus coches o furgonetas. Sin más luz, cuando oscurece, que la que ofrece la luna. Sin más agua que la que arrastran en bidones de plástico. Sin más retrete que el que esconde un matorral o el que puede ofrecer algún bar de los alrededores.

    Un año más, la historia se repite en la Cieza del siglo XXI. En la Murcia y España del nuevo milenio. El año pasado por estas fechas denunciábamos en este mismo medio, en un artículo que titulamos “Vivir a la intemperie”, las tremendas condiciones de vida que sufren estos trabajadores temporeros que vienen a nuestra a tierra en busca de trabajo. Y es que, como en los peores tiempos de la explotación capitalista, se pueden presenciar por aquí escenas de temporeros nómadas malviviendo por los caminos o en campamentos improvisados, sin las más mínimas condiciones de higiene o salubridad. Y lo más sorprendente es que estamos hablando de trabajadores cuya mano de obra resulta imprescindible en la recogida de la fruta. Es verdad que durante poco tiempo, poco más de dos meses, porque con la proliferación de las variedades tempranas las campañas de recolección se vienen acortando. Pero trabajadores, al fin y al cabo, que tras pasar largas jornadas en el campo, a pleno sol, soportando calores extremos, no tienen luego una cama donde dormir, una baño donde asearse o un techo bajo el que cobijarse.

    No han faltado voces, en los últimos años, que se hayan alzado contra esta injusticia. Siempre en vano, desde luego, porque el gobierno regional sigue mirando para otro lado, el ayuntamiento haciéndose el sueco y las organizaciones empresariales eludiendo claramente la responsabilidad que les incumbe como contratantes de estos trabajadores.

    Sólo la Cruz Roja local, y eso la honra, ha dado muestras de sensibilidad y ha ofrecido sus instalaciones para que estas personas puedan darse una ducha o recoger alimentos en caso de necesidad. Es una acción loable, desde luego, pero que no puede eximir a los poderes públicos de asumir su responsabilidad. Mucho más, cuando estamos ante una situación que no es nueva. Que se repite todos los años. En la que cabría prever y planificar, en lugar de improvisar o pasar olímpicamente.

    Es una realidad incontestable que por estas fechas, en estas tierras sin tejido industrial, desaparecidas las antiguas industrias conserveras y del esparto, la agricultura crea miles de puestos de trabajo y se convierte en el sostén económico de miles de familia. Pero esto, que es un logro, gracias al empuje y dinamismo de nuestros agricultores, no puede ser a cualquier precio ni justificar injusticias. Porque a los problemas de alojamiento señalados hay que añadir en algunos casos incumplimientos flagrantes de convenios, que ya son de por sí raquíticos. Horas a pleno sol que se pagan (en casos aislados, es verdad) a poco más de tres euros.

    En esta España dual, donde las diferencias entre ricos y pobres se agrandan con la crisis, estos campamentos de trabajadores sin techo producen escalofrío. ¿Es a esto a lo que nos aboca la degradación de las condiciones de trabajo? Es la pregunta que muchos se hacen. Trabajo y dignidad deben ir siempre de la mano. El trabajo, aunque sea precario, debe ser la puerta de acceso a unas condiciones mínimas de bienestar. ¿Tan difícil es para la cuarta potencia europea elaborar un plan de actuación para albergar en condiciones de dignidad a sus trabajadores?

    La floración de los árboles frutales en Cieza es uno de los espectáculos naturales más bellos que se pueden contemplar. Que no manchen esa imagen las espantosas condiciones de vida de los temporeros que vienen a recoger los frutos de estos árboles.

     

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