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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 16
    Noviembre
    2016

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    Murcia

    ¡Socorro!

    Estados Unidos sigue siendo un país de oportunidades. Se puede pasar de bufón de la corte a presidente en poco tiempo y sin que se hunda la bolsa. El impresentable, xenófobo, mesiánico Trump lo ha conseguido. Y ahora, tras su victoria incuestionable, aupado por las clases medias desestructuradas y trabajadores empobrecidos, llega la hora de la verdad. El momento de, visto lo visto y oído lo oído en la campaña electoral, temer lo peor.

    Pepe Mujica, expresidente de Uruguay ha sido uno de los primeros en lanzar un grito de auxilio. Con una palabra tan explícita que “lo dice todo”: ¡Socorro! Otros se ha colocado en el pecho un “safety pin”, un imperdible para aliarse y solidarizarse con los que Trump odia y están expuestos a la violencia tras estas elecciones. Pero son tantos los males que aquejan al mundo que empieza a faltar sitio en la solapa para apoyar con “pins” tantas causas.

    Lo peor de todo es que lo que está pasando en Estados Unidos no parece que sea algo estrambótico y puntual, sino una tendencia que como un fantasma recorre el mundo. Son los obreros, las capas populares, las clases medias quienes más han sufrido y están sufriendo los efectos de la crisis y de la mal llamada globalización. A nadie se le escapa, de hecho, que las cifras de paro, aun mejorando, no dan cuenta de la verdadera tragedia humana y social de amplios sectores de la sociedad, porque la precariedad, los bajos sueldos y las malas condiciones de trabajo están aquí para quedarse.

    El Titanic lleva tiempo haciendo aguas y los que se ahogan buscan la salvación, no en la reparación del barco, sino echándose en manos de salvadores de la patria que prometen la solución final tirando a gente por la borda. En Europa lo hemos visto con el Brexit y podríamos verlo en Francia, Holanda y otros países democráticos donde son cada vez más los electores perdidos por la izquierda y la derecha moderada que pasan a engrosar los partidos de extrema derecha. En demasiados casos, los pobres del mundo ya no se unen para derribar el capitalismo o humanizarlo, sino para apoyar su más siniestra versión.

    De poco servirá, sin embargo, soltar lastre, tirando al agua a los más indefensos, o levantar muros de contención, mientras vivamos en un mundo atroz en que unos pocos poseen la mayoría de las riquezas en detrimento de la mayoría. En un mundo en que la corrupción forma parte intrínseca del sistema (y en esto España se lleva la palma).

    La derecha ha hecho de estas políticas injustas su razón de ser. Ha puesto el poder político al servicio de la concentración económica de una minoría; ha dado todo el poder a las élites neocapitalistas para que, en palabras de Sara Daniel, impongan un sistema post-democrático sin una verdadera participación del pueblo; y sigue ensanchando la fosa de la desigualdad.

    Frente a la injusticia social y la pérdida de derechos, tiene que alzarse una izquierda integradora que cierre el paso a los Trump que están por venir. Una izquierda que acoja y dé voz a las clases trabajadoras para evitar que caigan éstas, en su desesperación, en manos de magnates salvapatrias. Claro que “la realidad es compleja y alguien tiene que hacerse cargo de ella”. Pero no hasta el punto, habría que recordarle a Javier Fernández, presidente de la Gestora del PSOE, que haya que gestionarla con la inacción de la abstención. Claro que hay que asaltar los cielos, pero no hasta el punto, habría que recordarle a Pablo Iglesias, que mientras llega el día glorioso, aquí siga todo igual.

    El triunfo del neocapitalismo xenófobo encarnado por Trump es en primer lugar el fracaso de la derecha democrática, pero también el de una izquierda rota y fragmentada. Desde siempre partida en dos. Con una de sus mitades tan realista que cuando llega al poder termina sometida al dictado de los poderes económicos, y con la otra tan idealista que al estar fuera de él termina por olvidarse de la realidad.

    Y si esto en España y en el mundo no se remedia, hay motivos más que sobrados para gritar: ¡Socorro!

     

     

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