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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 11
    Junio
    2014

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    SOCIEDAD

    Si me dan a elegir

    No sabemos lo que comeremos mañana pero los niños españoles ya saben que, según un pacto constitucional firmado hace 40 años, una compañera de clase llamada Leonor, gobernará sus vidas cuando rocen la cincuentena. En eso vamos por delante de los estadounidenses y los franceses que, pobre de ellos, no saben a estas alturas quién será su Jefe de Estado dentro de dos años. A este predominio del derecho de sangre sobre el voto ciudadano, algunos le llaman estabilidad. Yo lo veo más bien como una imperfección del sistema democrático. El derecho hereditario en la cabeza del Estado nos retrotrae a un feudalismo trasnochado, impropio de una sociedad moderna. Mucho más cuando la quiebra del modelo político salido del pacto constitucional de la transición está pidiendo a gritos una regeneración democrática y una nueva cultura política de participación ciudadana.

     Es obvio que las cosas no andaban nada bien para el juancarlismo. Un monarca sólo abdica empujado por circunstancias excepcionales y adversas. En un país en crisis, empobrecido, golpeado por el desempleo y los recortes, los resultados electorales del 25M han sido la gota que ha colmado el vaso. Un vaso que se fue llenando con desafección ciudadana, problemas de corrupción, escándalos, y finalmente el descalabro electoral de los dos partidos mayoritarios que sustentan la monarquía. La realidad se ha impuesto sobre el orgullo de morir con la corona puesta.

     En cualquier caso, la abdicación del rey es una buena ocasión para abrir un proceso constituyente en el que, entre otras reformas, se plantee el modelo de Estado que los españoles queremos. Este relevo histórico no puede saldarse con un simple traspaso de poderes de padre a hijo en el que la ciudadanía no tenga la última palabra. El cambio en la Jefatura del Estado, coincidiendo con graves problemas sociales y territoriales, exige un nuevo pacto constitucional. Pero no desde arriba, como se va a hacer hoy, sino desde abajo. Huyendo de escenificaciones que terminan desembocando en el “no nos representan”.

     Yo ya adelanto, aunque nadie me haya pedido directamente mi opinión, que si me dan a elegir, optaré por un modelo de estado republicano. Y aunque sobra decirlo, quiero también dejar claro que aceptaré la opción monárquica si es mayoritaria entre los españoles, con la misma naturalidad democrática que acepto ser gobernado por un presidente del gobierno que no he votado.

     A favor de la monarquía, hay que reconocerlo, juega el hecho de que el republicanismo español se asocie a una ideología con valores de la izquierda cuando para algunos sólo debería ser un sistema de organización del Estado. Si eso es así es porque la derecha, en su inmensa mayoría, fue fagocitada por el franquismo durante la dictadura, desertando del espacio democrático y dejando vacío el lugar que debía ocupar en el republicanismo. Ese hueco se tendrá que llenar algún día o la república no será. En todo caso, conceptos como libertad, igualdad o justicia social no pueden faltar en ningún sistema democrático digno de ese nombre.

     A instancias de IU y el grupo mixto, los diputados se pronunciarán hoy en público y a viva voz sobre el relevo. Al menos tendrán que retratarse y justificar su voto. Pero por muchos visos de legalidad que tenga, este mini referéndum no puede sustituir al que debería celebrarse para dar la palabra a todos los españoles. Todo queda aquí en manos de las cúpulas de los partidos que no aceptan ninguna disidencia. La solidez del sistema se puede resquebrajar, sin embargo, a partir del estallido de republicanismo surgido en las filas del PSOE, sobre todo en sus bases. No sabemos lo que harán finalmente aquellos diputados que por “razones de conciencia republicana” han pedido libertad de voto. La democracia tiene a veces estas paradojas. Que te den a elegir y no puedas votar lo que quieras.

     Lo que sí sabemos es que los efectos devastadores de la crisis, la quiebra institucional y su propio descrédito han hecho reaccionar a la monarquía anticipando su relevo generacional. Algo que no ocurre, de momento, en otras instancias políticas y sindicales, que han visto caer al rey y no han puesto sus barbas a remojar.

     

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