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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 14
    Febrero
    2015

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    SOCIEDAD

    Puntos ciegos

    La “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano” se proclamó en Francia en los tiempos de la Revolución Francesa. El texto preconizaba la libertad, la igualdad y la fraternidad; un hito histórico en la historia de la humanidad. Sin embargo, hubo que esperar hasta después de la Segunda Guerra Mundial para que las mujeres consiguieran el voto en el país vecino. ¿Cómo se explica esta incongruencia que duró casi doscientos años? Es la pregunta que le hace un alumno inquieto a su profesor de Historia en la magnífica novela de Amin Maalouf, “Los desorientados”.

     Es una pregunta similar a la que se hizo Fray Bartolomé de las Casas durante nuestra conquista de América. ¿Cómo es posible que en nombre de la fe cristiana se cometieran tantos atropellos contra la población indígena? O a la que se hacía Martin Luter King con respecto al racismo en los Estados Unidos del siglo XX: ¿Se puede entender que un país considerado democrático practicara -en algunos casos casi a semejanza de la Sudáfrica del “apartheid”- la segregación racial?

     Es evidente que la histórica declaración de los derechos humanos de 1789 no trataba a las mujeres igual que a los hombres ante la ley. Podría sacarse la conclusión, por lo tanto, de que los legisladores de los dos últimos siglos hubiesen decidido dejarlas fuera a sabiendas. Es lo que comúnmente se piensa. Pero cabría también pensar, como apunta el personaje de Maalouf, que ese aspecto de la realidad fuera sencillamente inconcebible, “invisible” para los hombres de entonces. Y es que, según él, en cada época los hombres no son capaces de “ver” algunas cosas. A esas cosas él las llama “blind spots” o “puntos ciegos”. Nosotros vemos ahora cosas que nuestros antepasados no veían y nuestros descendientes verán cosas que nosotros no vemos, porque nosotros también tenemos nuestros puntos ciegos.

     Siguiendo este razonamiento, algo así habría ocurrido, podríamos pensar, con los derechos de los homosexuales, o con el de las mujeres a decidir sobre su maternidad. Otra vez las mujeres. ¿Alguien defendería hoy la esclavitud como forma de trabajo? Probablemente no. Aunque ciertas formas de explotación laboral puedan parecerse y mucho. ¿Por qué llegaron entonces a justificarla en su día personajes inteligentes, con formación y capacidad de razonamiento? ¿Por qué no entraba esta injusticia en su campo visual?

    Se puede llegar a entender que en los primeros tiempos de la revolución industrial no se terminara de ver la relación causa-efecto entre la contaminación y la degradación medioambiental. Sin embargo, cuesta aceptar que en nuestros días siga habiendo gente que niegue el cambio climático y sus efectos devastadores. Rajoy, sin ir más lejos ha sido uno de ellos, aunque ahora prefiera eludir hablar del tema.

     ¿Qué dirán de nosotros nuestros descendientes en los siglos venideros? Cómo se explicarán que hoy podamos aceptar tasas de paro que rondan el tercio de la población activa; que veamos desahuciar a familias enteras de sus casas sin apenas despegar los labios; que se precarice cada día que pasa más el poco trabajo que hay; que se acrecienten las desigualdades sociales; que siga creciendo la brecha entre los pobres, cada vez más pobres, y los ricos, cada vez más ricos; que los jóvenes tengan ante sí un futuro más que incierto; que la corrupción haya engangrenado nuestra democracia…

     Todas las épocas tienen sus puntos ciegos y la nuestra no es una excepción. En unos casos son injusticias que realmente no vemos, pero en otros, son injusticias que no queremos ver. Como si no debieran entrar en nuestro campo visual. Injusticias que aceptamos como sociedad, como si formaran parte del orden natural del mundo.

     Afortunadamente, como en otros tiempos, hay gente batallando para hacer visible lo “invisible”, para que podamos “ver”, para sacudirnos y, como decía el poeta, “provocar nuevos actos”. Suelen ser individualidades. Pero así es como se empieza.

     

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