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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 02
    Noviembre
    2016

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    Murcia

    Paisaje para después de la batalla

    Si es verdad que, como decía aquel, la política es la continuación de la guerra por otros medios, de esta contienda por la investidura, que ha durado diez meses, habrá salido un claro vencedor, Mariano Rajoy, y un dudoso “subvencedor”, Pablo Iglesias; así como una incuestionable ganadora, la derecha unida, y una incontestable perdedora, la izquierda desgarrada. Cualquier matiz que se añada a esta constatación podrá enriquecer el análisis pero no alterarlo en sustancia.

    Frente al pragmatismo de la derecha, que siempre termina por encontrar la fórmula para mantenerse en el poder, moldeándose y adaptándose a las circunstancias, la izquierda, mejor dicho, las izquierdas, tienen una capacidad innata para desangrarse en luchas intestinas o despellejarse mutuamente en enfrentamientos “fratricidas”. Ningún cuadro representa mejor esta pulsión destructiva que el de “Duelo a garrotazos” de Francisco de Goya, donde dos duelistas luchan a bastonazos en un paraje desolado enterrados hasta las rodillas. O “Riña de gatos”, del mismo autor (si desechan el anterior por manido), en el que dos felinos pelean encaramados sobre un muro de ladrillo con el abismo a sus pies.

    No es nuevo este desencuentro, ni ha dejado de tener vigencia. La causa principal de la derrota del sueño republicano fue, como es bien sabido, la desunión de las formaciones de izquierdas. Y salvando las distancias, y volviendo a la actualidad, la posibilidad de articular un gobierno de progreso y regeneración democrática, tras el batacazo electoral del PP hace diez meses, también se volvió a truncar por el enfrentamiento entre el PSOE y Podemos. Cada uno de ellos pensó, equivocadamente, que podía al mimo tiempo derrotar a Rajoy y conseguir sus propios objetivos. Un gobierno a solas con Ciudadanos, en un caso; el “sorpasso”, en otro. Sólo esta miopía política explica que el PP terminara mejorando sus resultados electorales en junio y que la investidura de Rajoy se hiciera entonces irreversible.

    Entre tanto despropósito, al menos ha habido alguien, Joan Baldoví, de Compromís, que ha tenido la delicadeza de pedir perdón por no haber sido capaz de mandar a la oposición a quien “tanto y tanto legisló en contra de tantas personas". Alguien que ha tenido el detalle, y no menor, de pedir disculpas “por los sueños rotos y por las ilusiones perdidas".

    El caso es que, concluida la batalla política, la contienda se saldó el pasado sábado con la victoria de Rajoy. ¡Quién lo hubiera dicho cuando su nombre apareció en los papeles de Bárcenas y sus horas al frente del gobierno parecían contadas! O cuando hace meses se aceptaban apuestas de si el PP terminaría ahogándose en su pozo de corrupción. Algo apuntábamos ya nosotros en el post-20D, cuando todo esto empezaba a verse venir. ¡Qué desperdicio de votos! ¡Qué desperdicio de tiempo y energía! ¡Cuántas ilusiones tiradas por la borda! Ahora y siempre. Ahora y a lo largo del siglo XX, por no irnos más lejos. Claro que de no haber existido esta guerra “natural” entre las izquierdas, alguien la hubiera inventado. Quién sabe si algún periódico influyente del país.

    Sea como sea, una vez investido Rajoy, el paisaje que queda después de la batalla es prometedor para la derecha unida, y desolador para la izquierda fragmentada, atomizada. Adiós gobierno de cambio, de progreso. Adiós regeneración democrática. Adiós políticas que reviertan los recortes, defiendan la sanidad y la educación, los derechos laborales, la cultura, y tantas otras cosas…

    Al final va a resultar que los hermosos ideales de libertad y justicia social que defiende la izquierda, son, por culpa de su desunión, como esa otra línea imaginaria que es el horizonte, que se aleja a medida que avanzamos.

     

     

     

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