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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 21
    Enero
    2014

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    SOCIEDAD

    Miserables de ayer y de hoy

    Se anuncia a bombo y platillo que Los Miserables vienen a Murcia el próximo otoño. ¡Como si alguna vez si hubieran ido! La mítica novela de Víctor Hugo sigue estando de plena actualidad y, por lo que parece, tiene cuerda para rato. Sólo las adaptaciones al cine sobrepasan el medio centenar. Y el musical, que se estrenó en Londres hace 28 años, ha sido traducido a 22 idiomas y representado en 319 ciudades de 42 países. Como se ve, la miseria es un tema recurrente que no pasa de moda.

    Víctor Hugo llamó a sus personajes miserables porque en su época y en francés la palabra venía a designar a los pobres, a los muy pobres, a las víctimas de la injusticia social, a aquellos que inspiran piedad porque viven en la desdicha o en la miseria. Jean Valjean, condenado a trabajos forzados por robar un pan para dar de comer a los suyos; la niña Cosette, sirvienta explotada y maltratada por los Thénardier; Gavroche, el chaval alegre, pícaro y con buen corazón que muere en una barricada del París revolucionario, son algunos de los personajes que conforman esta novela coral que se alza en defensa de los oprimidos, de los desamparados, de los parias de la tierra, vivan en la época que vivan.

    El término “miserable” tiene en español, sin embargo, una connotación bien distinta. Aunque también significa “desdichado”, se utiliza más bien como sinónimo de despreciable, de mezquino o avaro, e incluso de canalla. Como ya señalé, cuando se estrenó la última versión cinematográfica de la novela, resulta por consiguiente más un insulto que un vocablo que inspire compasión. En nuestra lengua, los miserables de ayer ya no son los mismos que los de hoy. Siguen existiendo, por supuesto, pobres que sufren las mismas injusticias de siempre, pero a esos hoy se les llama, con eufemismos que suavizan la expresión, desfavorecidos, excluidos, desheredados… No hay más que ver las cifras. Lo dice Oxfam Intermon, pero lo podría decir cualquiera que tenga ojos en la cara. España es el país europeo con más desigualdades después de Letonia. Bastará con señalar que los 20 españoles más ricos acumulan la renta del 20 % de las personas más pobres. O que 1.800.000 familias tienen actualmente a todos sus miembros en paro. Eso es lo que se llama gobernar para las élites. En el resto del mundo las cosas no están mejor. Se aprecia una acumulación masiva de la riqueza en el 1 por ciento de la población en detrimento del 99 % restante.

    Hace tiempo que venimos constatando, como denuncia esta organización, que “las decisiones políticas están secuestradas por las élites y los poderes económicos”. En España, por ejemplo, las grandes empresas no pagan impuestos. Eso queda para las pymes o los particulares. Y a la vista está que la pobreza se ha agravado en los últimos tiempos, desde que empezaron a triunfar las políticas neoliberales y la izquierda gobernante no sólo perdió su alma sino también el norte político. Nos encontramos, pues, en una situación extrema cuyas consecuencias pueden ser dramáticas. ¿Tanto como para que, como en el viejo París, se levanten de nuevo barricadas? Algunos auguran tiempos de revueltas. En Gamonal ha habido algún amago. Y en Kiev, son alentadas por el mismísimo Valcárcel, presidente de nuestra comunidad autónoma, el mismo que ha “apaleado” a manifestantes murcianos que se han rebelado contra su política de recortes sociales. Vienen desde luego tiempos convulsos y la obra de Víctor Hugo siempre será un referente donde mirarse.

    Aunque los verdaderos miserables, aquí y ahora, sean otros. Los mercados financieros que especulan con el futuro de los países y la vida de sus ciudadanos; los directivos de bancos que arruinan sus entidades pero que desahucian a quienes están en paro y no pueden pagar sus miserables hipotecas. Miserables, sí, en comparación con los miles de millones de euros que ellos reciben para ser rescatados. Miserables, hoy en día, son todos aquellos gobernantes que le chupan la sangre a los más vulnerables con recortes insufribles. Todos aquellos que gobiernan a golpe de mentiras o aprovechan la crisis para recortar derechos, privatizar servicios públicos y obtener cuantiosos beneficios. O los políticos corruptos que campan a sus anchas, a veces incluso con la complicidad de sus votantes.

    Estos son los miserables de hoy. Pobres, en nuestro país, sigue habiendo muchos, demasiados. Y más que habrá si se siguen aplicando las políticas antisociales. Pero esos, en español, por lo menos, han dejado de ser miserables.

     

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