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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 19
    Febrero
    2014

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    SOCIEDAD

    Medina Siyasa

    Pompeya fue sepultada por la lava del Vesubio. A Medina Siyasa, la antigua Cieza, la enterraron la intolerancia y el olvido. Ambas ciudades, sin embargo, volvieron siglos después a la luz. Destrozas, en ruinas, sí, pero conservando casi intactos el trazado de sus calles, los muros de sus casas, el esplendor de algunas de sus decoraciones y hasta el eco callado de sus gentes. Pompeya fue víctima de la furia de la naturaleza. Siyasa, de la sinrazón política.

    A decir verdad, Siyasa es la memoria de una expulsión masiva. La historia de unos hombres y mujeres que en 1266 fueron despojados de sus casas y bienes, y expulsados de su tierra por Alfonso X. La intolerancia político-religiosa no les dejó otra opción. Condenados al exilio, tuvieron que huir a tierras granadinas o al Norte de África. La ciudad, que en sus momentos de mayor esplendor llegó a tener cerca de 800 casas y más de 4.000 habitantes, quedó despoblada. Se tapiaron incluso las puertas de las casas para evitar cualquier regreso. El tiempo, posteriormente, se encargó de sepultarla.

    En el Norte de África, precisamente, tuvo lugar el otro día otra tragedia, cuando unos 250 inmigrantes clandestinos intentaron llegar a nado a territorio español en Ceuta y fueron repelidos con pelotas de goma por la Guardia Civil. Un incidente que ha provocado la muerte de al menos quince inmigrantes y constituye una vergüenza para nuestra democracia. Con una diferencia de ocho siglos se volvieron a cruzar en el Estrecho los parias de la tierra. Pero así es la historia de la humanidad. Una historia de emigraciones e inmigraciones (todo depende del lado en que uno se encuentre). Unos que vienen y otros que se tienen que ir. Así ha sido siempre. Y así siempre será. Aunque a veces se muera en el intento. No hay peor muerte que estar muerto en vida. Y las tierras prometidas siempre estarán ahí para hacernos soñar con una vida mejor o acogernos del exilio.

    Siyasa y lo que dejaron los que se tuvieron que marchar vuelve a estar de actualidad estos días. Las tragedias de inmigrantes clandestinos que intentan llegar a las costas de Europa no han dejado de estarlo desde hace años. El conjunto arqueológico más importante en decoración islámica de Europa está siendo objeto de unos trabajos de recuperación y restauración que saludamos desde aquí. Enhorabuena a todos los que lo han hecho posible. Empezando por el diputado de IU, José Antonio Pujante, que presentó una moción en la Asamblea Regional para proteger y poner en valor el despoblado, y siguiendo por los grupos PP y PSOE que la apoyaron. Sin olvidar al arqueólogo municipal, Joaquín Salmerón Juan, que lleva muchos años batallando para evitar el deterioro de las ruinas.

    Hay que decir que desde que se empezó a desenterrar el despoblado, allá por los años 80 del siglo pasado, las inversiones y actuaciones, más que una realidad de promesas cumplidas, han sido un parcheo. Otro gallo hubiera cantado si esta joya arqueológica se encontrara en alguna de las ciudades que tienen peso político en la región. Porque ni siquiera, en los mejores tiempos de bonanza, cuando se levantaba una piedra y saltaba un proyecto faraónico, contó con el impulso de la Administración. Ahora, por fin, se le da un empujón y ya se puede ver a grupos de voluntarios y de obreros especializados en restauración acometiendo las primeras actuaciones.

    Encaramada sobre el Cerro de la Atalaya, Siyasa se alza, junto a la actual Cieza, sobre un lugar privilegiado: el corazón geográfico de la Cora de Tudmir, a las puertas mismas del Valle de Ricote. Estamos ante un yacimiento único en España y referente mundial, cuyo valor, según todos los especialistas, es excepcional. Por eso, en cuanto puedan, no dejen de venir a ver esta medina abandonada, esta medina de la memoria. Tampoco dejen de visitar el Museo Municipal homónimo para admirar arcos de puertas, ventanas, miradores o celosías recuperados del despoblado. Y no se priven del placer de bajar en barca el río Segura o darse una vuelta por la Cueva de la Serreta o el Museo del Esparto. Cieza bien vale un fin de semana.

     

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