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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 26
    Octubre
    2016

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    Murcia

    La respuesta sigue estando en el viento

    Poetas cuestionados los ha habido siempre. Por ejemplo, Chirilo, en la Antigüedad, a quien Alejandro el Grande le daba una moneda de oro por cada verso bueno, y por cada malo un bofetón. Hasta que el pobre murió de las bofetadas.

    A Dylan, que en su larga carrera musical ha recibido más monedas de oro que bofetones, los suecos acaban de concederle el Premio Nobel de Literatura. Por haber explorado nuevas formas de expresión poética, dice la Academia (¿o por qué no los “académicos y académicas”, don Arturo?). Un premio no exento de controversia, como debe ser cualquier premio que se precie.

    No es la primera vez que este discípulo de Rimbaud, digno heredero de la tradición de los bardos, es objeto de polémica. En la primavera de 1966, Dylan era sistemáticamente abucheado en sus conciertos por seguidores que no aceptaban su conversión a los sonidos eléctricos. Felizmente, aquellos silbidos no hicieron mella en su animó y una década después nos regaló Desire, para mi gusto, su mejor disco, con una canción “Hurricane”, de una fuerza arrolladora, que vale por sí sola un poema, una sinfonía, una película, una novela y mucho más.

    Está bien que la Academia desacralice la poesía con la obra de Dylan. Que acabe con la dicotomía de poesía intelectual, buena, y poesía popular, menos buena. La primera literatura siempre fue poética y oral y se acompañaba de instrumentos musicales. Está bien que unos académicos “hippies”, como lamentan algunos, premien a un farandulero que ha sabido otorgarle a lo cotidiano un aliento poético. Como también tendrá que premiar algún día nuestra academia a otro farandulero de la palabra, a otro contador de historias, como es Sabina.

    Aunque sólo fuera por canciones como Blowing in the wind o The times they are a changin’, Dylan se merece el Nobel. Himnos de toda una generación que luchó por los derechos civiles, se opuso a la guerra de Vietnam o denunció el racismo.

    En cualquier caso, no perdamos la perspectiva. La mejor definición de poesía quizá la haya dado Jean Cocteau. La poesía, decía el poeta francés, es indispensable aunque no se sepa muy bien para qué. De ahí que sea tan difícil sentenciar qué es poesía buena y poesía mala.

    Algo que también podría decirse de la política. Que no siempre sabe uno para qué sirve, aunque sea indispensable. Como ese Comité Federal del PSOE del domingo, indispensable desde el punto de vista estatutario pero innecesario en la práctica, cuya respuesta a la abstención en la investidura de Rajoy no estaba en el viento sino cantada desde que los amotinados y amotinadas (aquí más que nunca, don Arturo) defenestraran a Pedro Sánchez.

    Queda por saber, sin embargo, si Dylan, ilocalizado hasta la fecha, irá a recoger el premio a Estocolmo. O si lo rechazará, como hizo Sartre en su día. Queda también por conocer, en el momento en que esto escribo, si el PSOE se decantará finalmente por una abstención técnica o en bloque, en su entrega del gobierno al PP. Aunque, a fin de cuentas, ni con una ni con otra tengan sus males remedios. Habrá que ver, igualmente, cómo se maneja esta formación en los próximos meses en que Rajoy la va a someter a un chantaje sin cuartel con la amenaza permanente de un adelanto electoral. Y sobre todo, no estaría de más que se desvelara de una vez por todas qué papel se reserva Susana Díaz para el epílogo de esta obra.

    Preguntas, preguntas y más preguntas, cuyas respuestas, como diría Dylan, siguen estando en el viento.

     

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