Blog 
Raíces y alas
RSS - Blog de ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

El autor

Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


Archivo

  • 30
    Julio
    2014

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    SOCIEDAD

    La matanza de los inocentes

    ¿Qué más tiene que ocurrir en la Franja de Gaza para que la llamada comunidad internacional ponga fin a la masacre? ¿Cuántos niños más tienen que caer asesinados? ¿Cuántos civiles inocentes? ¿Cuántas casas más tienen que ser bombardeadas con sus familias dentro? ¿Cuántas escuelas? ¿Cuántos hospitales? ¿Cuántas plazas? ¿Cuántas calles?

     Mientras escribo estas líneas, son más de mil las víctimas -800 de ellas civiles- que se contabilizan en el bando palestino frente a unas 30 –todas ellas militares- en el israelí. La desproporción lo dice todo sobre la naturaleza del conflicto. 800 víctimas civiles es más que una cifra estadística. Son niños que jugaban en la playa descuartizados por las bombas, mujeres refugiadas en sus casas que junto a sus hijos han saltado por los aires, ancianos acribillados a balazos. Todo ello, calculado. Fríamente programado y diseñado. La saña con que Israel ataca a la población civil palestina no tiene límites. Estamos ante un acto de soberbia y de aniquilación del adversario que sólo puede recibir el nombre de genocidio. Y lo curioso es que ese acto de exterminio viene provocado por un pueblo que sufrió otro holocausto en sus propias carnes durante el nazismo. Holocausto que, como demócratas y antifascistas, siempre hemos abominado y con cuyas víctimas nos hemos sentido solidarios.

     Ahora nos encontramos con que es Israel quien está cometiendo un crimen de guerra contra la humanidad. Y no es la primera vez. Y por la misma regla de tres nos vemos en la obligación moral de combatirlo y denunciarlo. Con la misma contundencia, la misma determinación. Pidiendo, exigiendo a la comunidad internacional, a la ONU, a los organismos internacionales, que pongan fin de forma inmediata a esta carnicería y pidan responsabilidades al estado hebreo por sus crímenes.

     Evidentemente, también deben cesar los lanzamientos de cohetes sobre territorio israelí y cualquier ataque de las milicias palestinas contra la población civil de este país. Como debe cesar la confiscación de tierras a los palestinos, la proliferación de colonias judías en los territorio ocupados, la construcción de muros para blindar estas colonias y aislar las poblaciones palestinas.

     El derecho a defenderse invocado por Israel encierra una trampa mortal para los palestinos. Con su superioridad militar manifiesta, Israel se atribuye a sí misma la legitimidad de castigar cualquier acto de resistencia al tiempo que anexiona territorios que no son suyos. Invade, confisca, coloniza, y si la población palestina se resiste, evoca el derecho a defenderse. En estas circunstancias, este derecho legítimo se convierte en una burla.

     Que en Gaza haya por muchos años un gobierno integrista es, desde luego, lo que Israel considera que más le conviene para justificar sus masacres. No está claro, sin embargo, que el integrismo sea lo que le convenga a la población palestina. Una población desesperada, humillada, arrancada de sus tierras, confinada a vivir miserablemente en un campo de refugiados llamado Gaza y que ha creído encontrar en la radicalización de Hamás su tabla de salvación. Pero no nos engañemos, con Hamás o sin Hamás, el estado hebreo nunca aceptará la creación de un Estado palestino soberano si no es bajo la presión de Estados Unidos, su valedor y cómplice necesario, o cuando militarmente no pueda con su oponente.

     Mientras tanto, ante la indiferencia de la comunidad internacional, continúa con su guerra de aniquilación, tomando como objetivo a la población civil. Y de toda esta indiferencia, la que más duele es la de la Unión Europea. La de países que dicen llevar en su ADN la libertad, la justicia y la fraternidad y que callan cobardemente ante esta matanza de inocentes.

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook