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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 06
    Mayo
    2015

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    SOCIEDAD

    La mala reputación

    La mala reputaciónLa mala reputación

    Un buen lavado de imagen vale lo que vale. Tanto o más que una buena campaña mediática promocional. Sobre todo, cuando el candidato en cuestión se ha visto envuelto en algún que otro “fregao”. “Fregaos” como haber sido investigado por la supuesta compra irregular de su casa o haber recepcionado presuntamente, como alcalde, un auditorio sin terminar.

    Sánchez niega la mayor. Haber contratado ese lavado de imagen. Y mientras que no se demuestre lo contrario, habrá que creerlo. No niega, sin embargo, haber mantenido contactos con Alejandro de Pedro, el presunto líder de la “trama Púnica”, que investiga la Audiencia Nacional por supuesta corrupción, quien le habría hecho varias propuestas para “limpiar” su historial en internet antes de las elecciones de mayo. Es más, De Pedro fue grabado cuando le pedía a una empleada que preparara una oferta «de 3.000 'pavos' al mes» para el consejero de Educación y actual cabeza de lista del PP a la Asamblea Regional.

    Curiosamente, la alcaldesa de Cartagena y diputada nacional del Partido Popular, Pilar Barreiro, también ha admitido haber mantenido contactos con la empresa investigada en la “Operación Púnica” y haber recibido de ésta una oferta para mejorar su “reputación online”. Y por el mismo precio, tres mil euros más IVA.

    Si realmente no hubo acuerdo porque los candidatos rechazaron las propuestas (“No la necesitaba, ni me fiaba, y el tiempo me ha dado la razón”, asegura Sánchez) o porque la detención de los cabecillas de la trama paralizó cualquier compromiso existente, es algo que no nos toca a nosotros entrar aquí a valorar. Para eso está el juez Eloy Velasco, encargado del caso.

    Lo que si llama la atención, aunque no nos vamos a caer a estas alturas de la higuera, es que exista este tipo de empresas que abierta o secretamente, más de lo último que de lo primero, se dediquen a intoxicar la red. Empresas destinadas a mejorar la reputación de altos cargos, políticos y hasta ayuntamientos, pagadas con un dinero que está por ver de dónde sale. Y en el caso que nos ocupa, vinculadas, según todos los indicios, a una trama de corrupción política cuyos cabecillas serían, entre otros, Francisco Granado, secretario general del PP de Madrid entre 2004 y 2011, y José Antonio Alonso, exalcalde socialista de Cartagena.

    Por 3.000 “pavos” al mes hay empresas que recomponen reputaciones como La Celestina recomponía virgos. Por 3.000 “pavos” al mes hay empresas que hacen con tu imagen lo que hace la Academia con la lengua: limpiarla, fijarla y darle esplendor. Por 3.000 “pavos al mes se purifican historiales manchados por años de despropósitos, chanchullos o gestiones nefastas. Borrar el pasado, manipularlo, establecer historias oficiales frente a la verdad de los hechos ha sido siempre una obsesión del poder. Y las batallas que siempre se han librado en los periódicos, en los libros de historia, en el cine, también se libran ahora en la red.

    Habrá que poner en cuarentena, por lo tanto, muchas tendencias, trending topics, “me gusta”, “comparto” y demás posibilidades que ofrecen las redes sociales para interactuar. Porque aquí también entre pillos anda el juego. Lo que se está haciendo, en realidad, cuando se contratan servicios para inundar de noticias positivas sobre alguien los primeros lugares de los buscadores de Internet, es poner la tecnología al servicio de la manipulación propagandística. Si se acepta esta adulteración de la red a cuenta del dinero y del poder político, el descrédito de la redes sociales está garantizado. Otra cosa bien distinta es el derecho al olvido o a borrar información que atente contra algún derecho fundamental.

    A la espera de ver cómo evoluciona esta tendencia cada vez más extendida entre cierta clase política, mejor quedarse con Brassens y su “mala reputación”. Con aquel anarcoide que hiciera lo que hiciera, todos lo miraban mal. Todo lo contrario de lo que pretenden algunos políticos, que hagan lo que hagan, quieren que todos los miremos bien.

     

     

     

     

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