Blog 
Raíces y alas
RSS - Blog de ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

El autor

Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


Archivo

  • 05
    Agosto
    2015

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Murcia

    La Esquina del Convento

    La Esquina del Convento

    Hubo un tiempo en Cieza, allá por el siglo XVII, en que el poder municipal se lo disputaban a “carabinazo” limpio dos familias del pueblo, con sus respectivos bandos. Eran en esencia los mismos clanes que durante los siglos posteriores se siguieron enfrentando por la alcaldía, ya no a tiros sino mediante el control de la propiedad de la tierra y de los cargos públicos.

    El caso es que en esta sangrienta “guerra” la labor de mediación de unos frailes franciscanos que venían del Convento de Santa Ana de Jumilla a pedir limosna a Cieza logró calmar algo los ánimos. Y la población, atemorizada, “quiso” que se quedaran. Eso es, al menos, lo que se cuenta. Y así fue como, tras vencer “insuperables dificultades”, en 1685, quedó colocada la primera piedra de lo que sería el actual convento de San Joaquín (“San Juaquín” para los ciezanos).

    El edificio se encontraba entonces extramuros, pero con la expansión urbanística en el siglo XX terminó ubicado en una plaza, la Esquina del Convento, que pronto se convirtió en el centro neurálgico de la localidad.

    Hace años, en 1998, tuve acceso al “Obituario” o libro de defunciones del convento y escribí un ensayo sobre los franciscanos en Cieza que apareció en la revista “Trascieza”. Desde una mirada laica, intentaba “reconstruir” la vida y muerte de unos hombres singulares, preguntándome qué les impulsó en su momento a elegir la pobreza, la castidad, a vivir de la limosna y llevar una existencia de entrega a los demás.

    En los 150 años que permaneció la orden en el edificio, murieron en él 104 frailes. Entre ellos, Fray Pasqual Salmerón, el primer historiador ciezano. Poco importa que por querer buscarle a Cieza un origen ilustre la emparentara con la legendaria Carteya, situada en Cádiz (“La antigua Carteia o Carcesa, hoy Cieza”). Este error de bulto no invalida para nadasu metodología histórica que bebía de los principios de la Ilustración. En cambio, sus narraciones de vidas ejemplares de compañeros de claustro siguieron ancladas en la milagrería medieval, de corte surrealista.

    Reseñaré, a titulo de anécdota, algunos episodios entre los muchos que se relatan. Por ejemplo, el referido a Fr. Juan Blasco, de quien el Padre Salmerón afirma que “repetidas veces lo vieron elevado, y suspenso en el ayre”. Una de estas fue estando en un monte “desbastando con un hacha un madero”. O cuando “una noche estando en medio de la Iglesia del Convento, se fue de un vuelo al altar mayor, al tabernáculo del Santísimo Sacramento”. Esto es lo que se conoce como vuelo sin motor. Dice Joaquín Salmerón, farmacéutico, que mucho tenía que ver en estas visiones el cornezuelo, un hongo parásito del centeno que si llega a mezclarse con la harina puede provocar alucinaciones.

    En otra ocasión, en Villanueva había nacido una niña. Los padres le manifestaron a Fray Eugenio el sentimiento de que no hubiera sido niño, pues eran hijas todas las que tenían. Tomando en sus brazos a la niña, hizo breve oración… “Después entregando la niña a su madre le dixo que cuidase de Francisquito. Fuese el siervo de Dios, y luego encontraron que la niña se había convertido en niño.” Es éste un caso manifiesto de cambio de sexo. Eso sí, justificado por la intervención divina.

    Es verdad que no solo hay en el obituario milagrería disparatada e inverosímil. También hay en los frailes franciscanos trabajo, austeridad, disciplina, atención a los enfermos, acción cultural…

    Desde que con la desamortización de Mendizábal en 1835 se produjo la exclaustración forzosa, el edificio fue destinado a distintos fines. Fue puesto de la recién creada Guardia Civil en 1845, colegio religioso, asilo de ancianos, Hospital de soldados republicanos de las Brigadas Internacionales atendido por monjas, Comandancia Militar de Cieza, Maternidad (con la poeta Pilar López como comadrona), Club juvenil, Biblioteca municipal y hasta Centro de Educación de Adultos.

    En 1997, el viejo convento tenía sus días contados. Lo salvó la asociación cultural Club Atalaya-Ateneo de la Villa que promovió una campaña de recogidas de firmas para evitar que fuera transformado en Ayuntamiento con fachada acristalada. Luego vino la declaración de Bien de Interés Cultural y se inició una “restauración” que, sin ser del gusto de muchos, al menos conserva su perfil original.

    Unas pueriles letras de hierro oxidado (“Érase una vez…”) vienen a indicar que alberga en la actualidad la Biblioteca Municipal.

    Bien está lo que bien acaba. Nuestro esquilmado patrimonio cultural pudo sufrir aquí también otro golpe mortal. En este caso, gracias a la movilización ciudadana el viejo convento se salvó in extremis, y nunca mejor dicho, de “milagro”.

     

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook