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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 25
    Marzo
    2015

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    SOCIEDAD

    La derecha se fractura

    El problema para el PP no es tanto que Susana Díaz haya ganado las elecciones en Andalucía (algo que se esperaba), ni que Moreno Bonilla, designado a dedo por Rajoy, haya conducido a su formación a la debacle (algo que también se esperaba, aunque no hasta ese punto), ni siquiera que Podemos y sus “adanes” se hayan confirmado como fuerza electoral potente (algo que también estaba cantado). El problema para el PP es que ha irrumpido en su espacio electoral una alternativa que, a diferencia de UPyD, está llamada a disputarle su hegemonía en el ala conservadora.

    Nadie ha entendido fuera de nuestras frontera que en España un partido como el PP haya podido durante tantos años aglutinar a sectores que van desde la extrema derecha hasta lo que se conoce como centro. Un tótum revolútum de familias y tendencias tan variopinto que ha llegado a incluir a franquistas, ultracatólicos, neoliberales, democratacristianos y hasta socialdemócratas desencantados. El PP ha sido hasta ahora el partido de las mil caras. Y ha puesto en cada ocasión o en cada lugar la que más le ha convenido. Se ha movido en un difícil equilibrio que ahora se resquebraja. No es fácil, desde luego, atraer a un electorado de tan amplio espectro. Se necesitan dosis de populismo que no están al alcance de todos. Lo logró con Aznar, que hablaba catalán en la intimidad, cuando el boom inmobiliario, con sus ríos de dinero fácil tapaba bocas, ojos, conciencias… y posteriormente en 2011 cuando la crisis financiera se llevó por delante a un PSOE desnortado y pusilánime.

    La nefasta gestión de la crisis, las promesas incumplidas, la política económica antisocial, la corrupción orgánica también están llamadas a llevarse por delante al PP. No es posible sin boom económico contentar a tantos y tan distintos. Las elecciones europeas fueron un aviso y las andaluzas, la confirmación. Ni unas ni otras son extrapolables, pero las primeras hicieron sonar las alarmas, y las segundas, con el varapalo electoral, han desatado, directamente, el pánico.

    El PP podría haber encarado las próximas elecciones autonómicas y municipales con un cierto sosiego, incluso no siendo el partido más votado en Andalucía. Hubiera bastado con que el electorado indignado de centro derecha se hubiera quedado en casa. Pero resulta que ha preferido acudir a las urnas para encumbrar a uno de sus rivales directos: Ciudadanos. Lo que Vox, por un lado, y Rosa Díez, por otro, han intentado hacer sin éxito –pescar en el río revuelto de la derecha fragmentada- está a punto de conseguirlo esta nueva formación. En esta ocasión salen las cuentas. Los votos que le faltan al PP son los que le ha birlado Ciudadanos. Del mismo modo que los que ha perdido IU están en Podemos.

    La hegemonía que el PP ha ejercido en la derecha española (si exceptuamos a la catalana y a la vasca) tocó a su fin el pasado domingo. El proyecto fallido de contrarreforma de la ley del aborto, la ley mordaza, el autoritarismo, las políticas antisociales, la obstrucción de la justicia en la lucha contra la corrupción presagiaban tiempos de ruptura en el ala conservadora. Finalmente, la fractura ha venido de manos de un partido nacido en Cataluña que está aquí para quedarse.

    Lo que está ocurriendo ahora en la derecha es lo que lleva sucediendo en la izquierda desde siempre. Así que, al menos en este aspecto, la lucha será igual a partir de ahora. ¿Tendrá esta fragmentación del voto conservador repercusiones en Murcia? Sin duda, pero quizá menos de las esperadas para quienes abogan por un cambio de régimen en la región. Si la izquierda, la que está fuera del partido socialista, persiste en su desunión o en confluencias embrolladas, y si un extraviado PSRM sigue empecinado en creerse hegemónico en el ala que podríamos llamar, para entendernos, progresista, el PP regional podrá dormir tranquilo. Porque lo que le quite en las urnas el partido bisagra de Rivera, su mayoría absoluta, se lo devolverá con su apoyo en la Asamblea regional.

     

     

     

     

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