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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 25
    Febrero
    2015

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    SOCIEDAD

    La Andelma, nuestra "última" acequia

    Durante siglos, en Cieza, las aguas de las cuatro acequias mayores corrieron a cielo descubierto. Construidas por los romanos y modernizadas por los árabes, estas obras hidráulicas fueron siempre un ejemplo del buen uso y aprovechamiento del agua. Obraron el milagro de transformar las tierras áridas cercanas al río en frondosas huertas. Pronto se comprobó que además de cumplir con su principal función, regar la tierra, estaban sirviendo para configurar un territorio, una geografía, una identidad.

    A partir de los años 70 del siglo pasado, con la fiebre modernizadora, estos canales tradicionales de riego se empezaron a entubar. Se alegaban dos razones: su elevado coste de mantenimiento y las pérdidas de agua. Así que los cauces a cielo descubierto se convirtieron en caminos de zahorra que ocultaban gruesos tubos de hormigón por donde pasaba ahora el agua. Consumado el estropicio, de tres de las cuatro acequias mayores sólo fueron quedando sus nombres: Los Charcos, El Horno, Don Gonzalo. Aquellos ríos pequeños, con su vegetación de ribera, sus zarzas, sus olmos, sus granados, sus membrillos, desaparecieron poco a poco de un mapa que eliminaba de la superficie de la tierra un sofisticado sistema de irrigación para llevarlo a las profundidades del subsuelo. Todo un ecosistema formado a lo largo de cientos de años se esfumaba así de pronto, casi de un plumazo.

     Por fortuna, el entubamiento de la Andelma, nuestra “última” acequia, no llegó a completarse. Unos tres kilómetros de su tramo final quedaron intactos. Y no fue porque no lo intentaran los que anteponen el negocio del agua a cualquier consideración medioambiental, cultural o histórica. Una fuerte movilización liderada por la Plataforma “Salvemos la Andelma” consiguió paralizar el proyecto. Se da el caso, además, de que la acequia transcurre por una zona de la localidad que es de especial protección – La Atalaya y el Menjú- lo que concita, si cabe, más apoyos de los ciezanos para su restauración y conservación. Pero los “entubadores” no se dieron por vencidos. Poco después volvieron con un nuevo proyecto que contemplaba el desdoblamiento del actual cauce. Uno de ellos entubado, para regadío, y el otro, de poco más de un kilómetro, con un caudal mínimo, a cielo descubierto. Este último convertido en una especia de acequia museística no apta para el riego.

     La trampa estaba tendida. Una vez que entrara en funcionamiento el tramo entubado, el improbable mantenimiento del cauce tradicional acarrearía su pérdida irremediable. Si la acequia ya no sirve para regar, ¿quién garantiza su conservación? De nuevo, la plataforma en defensa de la Andelma se ha tenido que movilizar. Empeñada en que la acequia guarde su fisionomía tradicional para que pueda ser legada en las mejores condiciones a las generaciones futuras, ha presentado un proyecto de conservación que descarta el entubamiento.

     Mónica Lucas Elío y Enrique Ochando Martínez fueron los encargados de darlo a conocer la semana pasada en rueda de prensa. Para esta regante de la acequia y este licenciado en ciencias medioambientales e ingeniero técnico agrícola, el proyecto que defienden es doblemente ambicioso: por un lado respeta la fisionomía histórica de la acequia, y por otro, permite la modernización del riego. La clave está en reforzar las paredes del cauce con una argamasa similar a la que utilizaban los romanos. Se consigue de este modo la impermeabilidad suficiente para evitar fugas de agua. Esta solución es, además, mucho más económica y, sobre todo, mucho más respetuosa con la flora y la fauna que la que el Ministerio pretende llevar a cabo.

     La destrucción del patrimonio histórico español alcanzó probablemente su punto más alto en las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado. Y no ha cesado desde entonces. Ni siquiera la nueva sensibilidad ecológica y cultural que pregona la Administración parece que impida que se sigan cometiendo atropellos y pérdidas irreparables.

     En Cieza, uno de los legados más emblemáticos de nuestro patrimonio histórico, cultural y ecológico, (o para ser más precisos, lo que queda de él) está en peligro. Conservar esta reliquia hidráulica, único testigo vivo de lo que fue el riego tradicional en nuestra localidad, es un compromiso que les debemos a las generaciones futuras. Por eso animamos a Mónica y a Enrique, y a los muchos regantes que los secundan, a seguir adelante con el proyecto. Y por esa misma razón, apoyamos a la Plataforma que quiere salvar la Andelma”: nuestra “última” acequia.

     

     

     

     

     

     

     

     

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