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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 05
    Junio
    2013

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    SOCIEDAD

    Historia de dos ciudades

    A finales de los años ochenta, viví durante una época en Santiago el Mayor al tiempo que trabajaba en el Barrio del Carmen. Para los que no conozcan estos dos barrios de la ciudad de Murcia, diré que mi casa estaba tan cerca del lugar de trabajo que desplazarme de un sitio a otro apenas me llevaba diez minutos. Andando, porque no necesitaba ni coche ni transporte urbano. Esa proximidad física real no era, sin embargo, sentida como tal. Entre ambos barrios se alzaba una barrera en forma de tendido ferroviario que, atravesando el núcleo urbano de este a oeste, dividía a Murcia en dos ciudades a efectos prácticos. La del norte y la del sur. Esta última, relegada, donde vivía algo más de un 30 por cierto de la población del municipio.

     Han pasado los años, hemos tenido desde entonces periodos de bonanza, de boom inmobiliario, de inversiones faraónicas en trenes de alta velocidad sin viajeros que paran en estaciones fantasmas; épocas de gastos suntuarios y de despilfarro, pero esa cicatriz que tiene abierta en canal a la ciudad sigue ahí. Y el problema, lejos de solucionarse, ha empeorado con la expansión urbanística.

     Cualquier viajero accidental que visite la localidad y al que le hablen de esta división podría pensar que es el río -casi siempre una barrera natural- el culpable. Y es posible que así fuera en tiempos pasados. Cuando la barriada del Carmen no era otra cosa que un suburbio apartado del centro urbano, localizado entonces en torno a la catedral. Pero no es así en la ciudad moderna. Aquí no es el Segura el que, como ocurre con el Danubio entre Buda y Pest, separa a Murcia en dos ciudades. Es la línea de ferrocarril. El río se sortea con puentes de acceso libre, pero la línea férrea hay que atravesarla por unos pasos a nivel que tienen aspecto de puestos fronterizos. Unas aduanas en las que a ciertas horas se forman colas interminables de coches esperando que se abran las barreras, mientras decenas de peatones movidos por las prisas cruzan poniendo en peligro su seguridad.

    Fue en los ochenta, creo recordar, cuando empezaron las primeras movilizaciones exigiendo el soterramiento. “Al otro lado de la vía” era la forma que tenían los lugareños de referirse a la otra ciudad. En ese más allá, las viviendas tenían más valor, la vida cotidiana era más cómoda y se evitaban las molestias de la segregación. Y con las protestas vinieron las promesas políticas, las buenas palabras, que por fin cristalizaron en el Convenio del año 2006 firmado por el Ministerio de Fomento, la Comunidad Autónoma y el Ayuntamiento para el soterramiento. Un acuerdo en el que cada uno asumía su parte de implicación en el proyecto, pero que ha quedado en aguas de borraja.

     Han pasado los años y aunque ya no vivo allí sigo sintiendo el problema como propio. Por eso quiero desde aquí solidarizarme con los vecinos integrados en la plataforma Pro Soterramiento que cada martes se concentran de forma pacífica en el paso a nivel de Santiago el Mayor para exigir que desaparezcan las vías del tren. Si algo está claro es que el AVE no puede llegar a Murcia a cualquier precio y las autoridades deberían saberlo. Y para que éstas no sigan haciendo oídos sordos después de tanta promesa incumplida, los afectados se han propuesto intensificar sus movilizaciones y preparar una gran manifestación para el próximo día 11. Alguien debería escucharlos. En el fondo, lo único que pretenden estos vecinos con su larga lucha por el soterramiento es la reunificación de una ciudad que lleva demasiado tiempo partida en dos.

     

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