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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 11
    Septiembre
    2013

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    SOCIEDAD

    Esos "españoles anglicanizados"

    Margallo, como cualquier ministro de Asuntos Exteriores que se precie, anda buscando su lugar en el mundo. Creyó encontrarlo este verano en Gibraltar, porque Siria recuerda demasiado a Irak, y ya se sabe como salió el PP de ese avispero: trasquilado y quizá vacunado del ardor guerrero de Aznar para muchos años. Además, para darle una lección a Bachar El Asad, al que quieren convertir en clone de Sadam Hussein, ya se han ofrecido Obama y Hollande, aunque de momento anden compuestos y sin novia, sobre todo después de que Cameron, desautorizado por su parlamento, los dejara en la estacada y sus propias opiniones públicas no estén por la labor.

    A nadie se le escapa que un buen conflicto internacional sirve para tapar muchos agujeros internos. Y a nosotros, como decía aquel, siempre nos quedará Gibraltar para cuando las cosas no vayan muy bien o vayan rematadamente mal. El Peñón es un buen cartucho en la recámara de cualquier gobierno acosado. Claro que los “llanitos”, a quienes Pérez Galdós llama “españoles anglicanizados de Gibraltar” en su “Fortunata y Jacinta”, se lo han puesto a huevo. Sobre todo ese tal Picardo, que se hace llamar ministro principal de la Roca, y a quien no le vendría mal encontrar un zapato a su medida. Pensando que a perro flaco todas son pulgas, se ha dado en extender su minúsculo territorio con el vertido de bloques de hormigón y la construcción de un nuevo espigón. Consigue de este modo, aprovechando la debilidad del potente vecino, comerle algún metro al mar y expulsar a los pescadores andaluces de la zona. Todo ello al amparo de su graciosa majestadad.

    La afrenta consumada, Margallo saltó sobre la ocasión como un niño salta sobre un juguete. Lo asistía, mira por dónde, la razón ecológica. Y no sólo ésta. También la persecución del contrabando, el blanqueo de capitales y la evasión fiscal. Son razones, que como otras, justifican una declaración de hostilidades. Aunque sepamos de antemano que esas hostilidades no pasarán de los típicos rifirrafes verbales y de retenciones de cinco horas para cruzar la frontera. Los perjudicados serán durante un tiempo los trabajadores de la Línea y quienes van a llenar el depósito de combustible o a trapichear con tabaco. Y por supuesto también esos "españoles anglicanizados" que vienen a llenar los carros de la compra en los supermecados de la Línea. Luego todo se olvidará hasta que vuelva a surgir otra trifulca. Es, ha sido así, desde 1713, y quizá no pueda ser de otra forma.

    Franco llegó a cerrar la verja poco antes de entrar en el quirófano y lo que consiguió fue exacerbar el patriostismo de uno y otro lado, pero poco más. De hecho, por aquel entonces existían en la Roca partidos pro-españoles que el aislamiento hizo desaparecer. Luego vino Felipe González y la abrió. No sabemos si convencido de que el libre intercambio jugaría a favor de España u obligado por sus socios para permitir nuestra integración en Europa. Y en esas andamos.

    Claro que mientras buscamos incorpar a Gibraltar, por el sur, hay riesgos de que se nos desgaje Cataluña por el este. Las demostraciones de fuerza de la diada y la Via Catalana que se celebran hoy son buena prueba de ello. Y eso viene después del fiasco de la candidatura olímpica de Madrid que ha dejado tocado el orgullo patrio y pone en entredicho nuestra credibilidad económica, nuestro pretigio exterior y hasta la marca España.

    No está claro, por lo tanto, que, habiendo tantos frentes que atender, el Peñón sea el mejor clavo ardiendo donde agarrarse. El mismo Margallo tira de autoridad para contextualizar la cuestión y cita a Felipe González. “El problema existirá – decía éste- mientras que Gibraltar no sea español”. Es decir, mientras que esos “españoles anglicanizados” no vuelvan al redil. Visto lo visto, tenemos problema para rato.

     

     

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