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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 22
    Julio
    2015

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    Murcia

    EL PEATÓN CIEZANO Vacaciones en el río

    EL PEATÓN CIEZANO  Vacaciones en el río

    Es una suerte que Cieza también tenga playa. Que junto a la Atalaya, nuestro monte, serpentee un río con aguas correntosas en las que todavía uno se puede bañar. Y que ese río lleve por nombre Segura. Sí, el mismo que llega a Murcia, Orihuela o Guardamar exhausto, deshidratado, casi hecho una reguera, pero que por aquí todavía baja caudaloso y a veces hasta crecido. Nuestras playas no son de arena y mar salado, es verdad; pero sí fluviales y de agua dulce, donde no faltan chopos, álamos llorones, cañas de río, juncos, zarzas y algún que otro árbol de ribera. Y como sobre gustos no hay nada escrito, para algunos, esta playa es incluso mejor que la otra, casi siempre invadida por construcciones y atestada de veraneantes.

    Manolo Romero lo tiene claro. Para él, las vacaciones en el río son las mejores. Sin sus baños diarios con su mujer y los amigos, sus vacaciones serían menos vacaciones. Y no digamos nada para Francis, melómano, que sabe que tras sus escapadas nocturnas al Festival de Jazz de San Javier le espera al día siguiente su baño externo en el río, tonificante, insustituible, y si se tercia, el interno a continuación en el bar. O para Antonio Moreno, que después de recorrerse el país ganando como entrenador campeonatos de España de voleibol con su equipo de cadetes ciezanos, encuentra en el río el reposo y las energías necesarias para abordar las nuevas temporadas deportivas.

    A decir verdad, somos muchos los ciezanos que “necesitamos” el río en verano, como Celaya necesitaba la poesía o respirar “trece veces por minuto”. Sobre todo los que aprendimos a nadar en las aguas de este Thader romano casi al mismo tiempo que dábamos nuestros primeros pasos. Yo, con un calabaza hueca por flotador, que es lo que se llevaba entonces.

    Para nosotros, que somos de tierra adentro, el río fue el entorno natural de las vacaciones de nuestra infancia. Unas vacaciones al alcance de todos, las más democráticas y asequibles que pudiera haber, que duraban todo lo que daba de sí el periodo de tregua escolar. Por eso, aunque ahora hagamos otras cosas, viajemos a otros lugares, sucumbamos a las piscinas, pernoctemos junto al mar, no podemos concebir un verano sin volver a este paisaje mítico de la infancia, sin venir a sumergirnos en las aguas frías de este río que nos sigue llevando.

    De las antiguas playas o “playicas” que jalonaban el río a su paso por la localidad (la de Juanazos, los Álamos, el Arenal, las Zarzas…) la que perdura y sigue siendo lugar de encuentro es la de La Presa. Con sus asiduos y asiduas. Con sus veraneantes locales de diario y hasta sus domingueros de quintos de cerveza y tortilla de patatas.

    El baño en el río es de todo menos pasivo. Para bañarse, primero hay que caminar. Que es lo que le gusta a este peatón ciezano. Hay que enfundarse las sandalias cangrejeras, coger el camino que bordea el cauce y subir hasta donde apetezca, compartiendo paseo y charla. Hasta la primera entrada, que se encuentra a quinientos metros; hasta la segunda, que se halla más para arriba; hasta la Isla del Hachís, situada a varios kilómetros...

    Zambullirse en el cauce es antes que nada un ejercicio de responsabilidad. No nos cansaremos de repetirlo. Exige conocer el terreno y no hacerlo nunca solo. Si se cumplen estas premisas, una vez en el agua, nos dejaremos llevar aprovechando el impulso de la corriente, sin ofrecer apenas resistencia. Proyectados hacia delante, a veces con ímpetu, por una fuerza misteriosa, nuestro cuerpo se habrá convertido en una embarcación que tenemos que aprender a dirigir.

    Para mí, el mejor baño es el del mediodía, cuando el azul del cielo es más intenso y el reflejo del sol sobre las aguas verdosas y sobre las cañas, más vivo. Además, después de varias “expediciones”, ya para acabar, si procede, se abre la nevera y se comparte un aperitivo frugal. Una cerveza, unas patatas fritas, unas olivas mollares del pueblo, enteras o “partías”, una ensalada de tomate con tápenas.

    Veranear en el río no es, como ven, ningún sucedáneo. Y nada tiene que envidiarle al veraneo en el mar. Los que llevamos haciéndolo desde niños lo sabemos muy bien. Y es que el baño en el Segura es más que un chapuzón para refrescarse. Sumergirse en sus aguas sigue siendo una sensación única, un placer raro, un lujo ecológico.

     

    EL PEATÓN CIEZANO  Vacaciones en el río

     

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