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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 29
    Julio
    2015

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    Murcia

    EL PEATÓN CIEZANO. La memoria del esparto

     

    EL PEATÓN CIEZANO. La memoria del esparto

    Cualquier camino en Cieza lleva a la memoria del esparto. Tanto los caminos pedregosos de nuestro territorio, que tanto le gusta recorrer a este peatón ciezano, como los más sutiles de la sangre. Basta con echarle un vistazo a nuestra cartografía y a nuestros árboles genealógicos. No hay monte o llanura donde no crezca de forma natural esta fibra “tenacísima” ni familia que no cuente entre sus miembros con hombres, mujeres o niños que en la primera mitad del siglo pasado no trabajaran en esta industria. El esparto es a Cieza lo que la minería a La Unión, la pesca a ciertas poblaciones costeras de la región, o la conserva a Molina de Segura… Una seña de identidad que configuró a un pueblo, un trabajo de sudor y penurias, una actividad económica que dio de comer a mucha gente y luego fue decayendo hasta casi desaparecer.

    Rodeada de espartizales por los cuatro costados, con más de cuarenta fábricas en funcionamiento, Cieza fue la “mapa” de la industria espartera nacional entre los años 1920 y 1960. Su época de esplendor. O lo que es lo mismo, el primer centro manufacturero de España en la producción de hilatura y cordelería. Y es que, aunque rudimentaria, esta industria llegó a emplear a más de la mitad de la población. Durante años hubo cientos y cientos de esparteros arrancando esparto por el monte; cientos y cientos de mujeres picando esparto en los mazos en medio de un ruido ensordecedor; decenas de “rastrillaores” peinando la fibra para quitarle la parte leñosa; una multitud de “hilaores” trenzando la cuerda, y medio pueblo haciendo lía, pleita y realizando muchas otras actividades secundarias derivadas de esta industria.

    Y “menaores”… ¡Ay los “menaores”! Mi padre fue uno de ellos. Niños de siete u ocho años, “menores que un grano de avena”, que se pasaban el día dándole vueltas a la rueda de hilar, mucho más grande que ellos, para que los hombres pudieran tejer la cuerda.

    Eso fue hasta que, coincidiendo con el final de la autarquía, empezaron a llegar nuevas fibras, bastante más baratas. Y por si fuera poco, también la cordelería de plástico, derivada del petróleo, que terminó por producir un colapso económico. Y así, casi de la noche a la mañana, miles de ciezanos y ciezanas se quedaron sin trabajo, sin sustento, abocados en su mayor parte a la emigración.

    Todos los caminos que conducen a esta memoria confluyen hoy en día en un museo: el Centro de Interpretación del Esparto y de su Industria, más conocido por Museo del Esparto de Cieza, que regenta el Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, la asociación cultural decana de la localidad, que pronto cumplirá medio siglo de historia.

    Aquí la huella de aquel pasado revive en cada visita, en cada demostración. El legado de nuestros padres, abuelos, bisabuelos, se hace realidad, recobra vida. Porque además de contemplar fotografías, enseres, utensilios y maquinaria antigua perteneciente a nuestra arqueología industrial, el visitante puede asistir a demostraciones de diversos trabajos relacionados con la espartería. Aquí se enseña, por ejemplo, cómo se hacían los estropajos, cómo se rastrillaba manualmente, cómo se hacía lía y, sobre todo, lo más sorprendente, cómo se hilaba con “rueda' para confeccionar la cuerda. Algo mágico que exige por parte del “hilaor” una técnica manual muy depurada.

    Todo el interés está puesto en este museo en conseguir que recobren vida aquellos oficios antiguos que constituyeron la base de la economía ciezana. Y miles de visitantes locales, nacionales y extranjeros, así lo han entendido. Gentes del pueblo pero también profesores universitarios e investigadores que vienen aquí, referente único de la industria del esparto en el mundo, a rememorar retazos de su vida, a conocer un tiempo y un país, o a realizar sesudos trabajos de investigación.

    Un tiempo y un país asociados, bien es cierto, al hambre, a las adversidades, a la explotación. Eso lo saben muy bien los antiguos esparteros que atienden desinteresadamente este legado cultural. ¿Cómo olvidar todo aquello? Conocer, nuestro pasado, sin embargo, como no se cansan de repetir ellos mismos, es un deber no sólo histórico sino también moral.

    Porque la historia del esparto no sólo tiene su lado oscuro de sombras, el relacionado con las durísimas condiciones laborales. Existe otro, luminoso, asociado a la dignidad del trabajo, al esfuerzo, al saber hacer y al afán de superación de unos hombres y mujeres que lucharon en unos tiempos difíciles por sobrevivir y alcanzar una vida mejor.

     

    EL PEATÓN CIEZANO. La memoria del esparto 

    ¿DÓNDE, CUÁNDO Y CÓMO?

    Horario de Visitas del Museo del Esparto:

         Laborables: 17:30 h. a 20:30 h.

         Sábado, domingos y festivos: de 11:00 h. a 13:30 h.

         Para concertar una visita, puede llamar al 968 76 74 15 (en el horario de apertura del Museo).

    Cómo llegar: C/ Pablo Iglesias, 53 - Cieza (Murcia)

     

    Web:http://clubatalayaateneo.es/index.php/museo-del-esparto

     

    El peatón ciezano

    A semejanza de Léon-Paul Fargue que escribió “Le piéton de Paris”, me propongo escribir este verano una serie de artículos sobre lugares emblemáticos de mi pueblo que llevará por título “El peatón de Cieza”. Parafraseando a Fargue, diré que hace años que sueño con “escribir" un “Plano de Cieza” para personas sosegadas, esto es, para paseantes que tengan tiempo que perder y que puedan estar interesados en conocer mi ciudad.

     

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