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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 14
    Agosto
    2013

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    SOCIEDAD

    El Museo del Esparto de Cieza se renueva

    Mi padre fue “menaor” en las carreras de “hilao”. Como lo fueron cientos de críos de su generación en la primera mitad del siglo pasado. Menor que un grano de avena, empezó a trabajar con ocho años, a la edad en que se mudan los dientes, subido a un cajón porque no alcanzaba para “darle” a la rueda. La rueda era una máquina elemental accionada por un niño de corta edad que permitía a los “hilaores” trenzar kilómetros de cuerda de esparto que luego eran vendidos por toda la geografía española. Se lo oí contar muchas veces, pero con una sola vez que lo hubiera referido habría bastado para que esa imagen quedara para siempre grabada en mi memoria. Esa impronta tantas veces evocada se reaviva ahora con la inauguración en Cieza el próximo sábado del nuevo Museo del Esparto, reconvertido en Centro de Interpretación del Esparto y de su Industria.

    He oído a mi alrededor, en alguna ocasión, comentarios de ciezanos que abogan por no remover aquella época de miseria y explotación, que asocian al hambre y a las adversidades. Personas que quieren correr un tupido velo sobre un tiempo y sus circunstancias. Como si aquello de lo que no se habla o se esconde no hubiera existido. Por suerte, no todo el mundo piensa así. Hay gentes y pueblos que no arrastran esos complejos ni sienten esa vergüenza de épocas anteriores. En Inglaterra, sin ir más lejos, hay decenas de museos dedicados a la Revolución Industrial, en los que se expone con toda su crueldad las pésimas condiciones de trabajo que sufrían hombres, mujeres y niños en fábricas y minas.

    En Nantes, junto al Loira, tuve ocasión la semana pasada de ver una antigua fábrica de maquinaria pesada del siglo XIX convertida en un parque temático de arqueología industrial. Se llama “Las máquinas” y su estructura de antiguas naves se alza como una catedral de acero junto al río. En Cieza, junto al Segura, el nuevo proyecto de Museo que ha visto la luz es mucho más modesto. Ni en espacio, ni en medios ni en envergadura son comparables estas dos iniciativas. Pero sí en su concepción. Lo que he visto en ambas es la firme voluntad de recuperar y reivindicar un trozo de historia significativo para cada una de estas dos ciudades. Los restos de la industria naval en el primer caso, y los vestigios de la industria del esparto, en el segundo. Y por supuesto, la relación que en un momento dado, con la llegada de la revolución industrial, se da entre el hombre y la máquina.

    En Cieza, como en la mayor parte de la región, los ecos de esta revolución llegaron tarde y no siempre bien. Pero al menos, llegaron. Y un pueblo que hasta entonces había sido fundamentalmente agrícola se vio transformado a principios del siglo XX, gracias a la economía del esparto, en un esbozo de ciudad moderna e industrial. Una industria precaria, si se quiere, pero que llegó a emplear a más de la mitad de la población, aunque muchas veces fuera con unas condiciones de trabajo –sobre todo para niños y mujeres – que nada tenían que envidiarle en explotación y dureza al siglo XIX inglés.

    En cualquier caso, hay que reconocer que Cieza le debe mucho al esparto, auténtica seña de identidad local. Y justo es admitir que ha sido la ciudad espartera por excelencia, algo que le ha marcado profundamente. Porque siendo el esparto -como es- una planta tan arraigada por estas latitudes, lo cierto es que ha sido el único pueblo que de una forma generalizada industrializó esta fibra, hasta el punto de convertirse en el primer centro manufacturero de España en la producción de hilatura y cordelería. Es verdad que con el fin de la autarquía y la llegada del petróleo y de otras fibras vino el colapso económico, pero hubo un momento en que dos fábricas trabajaban las veinticuatro horas del día haciendo sacos de arpillera. Que había cientos de esparteros arrancando esparto por el monte; cientos de mujeres picando esparto en los mazos en medio de un ruido ensordecedor; decenas de rastrillaores peinando la fibra para quitarle la parte leñosa; una multitud de hilaores trenzando la cuerda, y medio pueblo haciendo lía, pleita y realizando muchas otras actividades secundarias derivadas de esta industria.

    ¿Cómo olvidar todo aquello? Conocer nuestro pasado no es sólo un deber histórico, sino también moral. Y el Museo del Esparto y el Club Atalaya lo saben muy bien. Tanto más cuanto que, paralela a una historia oscura de penalidades y explotación, corre otra luminosa asociada a la dignidad del trabajo, al esfuerzo y al saber hacer de unas gentes. De ahí que este Centro de Interpretación, cofinanciado por el Programa Líder de la Unión Europea y continuador del Museo que vio la luz un 31 de diciembre del año 2000, pretenda convertirse en un lugar de memoria ciezana. Que quiera seguir siendo, con mejores instalaciones, ese museo vivo donde el visitante, además de contemplar sus fondos, utensilios y maquinaria, pueda asistir a demostraciones de diversos trabajos relacionados con la espartería, tales como la elaboración de estropajos, rastrillado manual e “hilao con rueda” para confeccionar cuerdas de diversos tipos. Todo el interés está puesto aquí en conseguir que recobren vida aquellos oficios antiguos que constituyeron la base de la economía ciezana. Y miles de visitantes así lo han entendido.

    Sólo queda aplaudir y alentar iniciativas como éstas en los tiempos que corren. Conviene, eso sí, no olvidar que si un día, hace ya trece años, este museo pudo abrir sus puertas y ahora vuelve a hacerlo – en un nuevo edificio, renovado y con mejores prestaciones, y sin recibir ningún tipo de ayuda pública para su mantenimiento- fue y ha sido gracias al esfuerzo y el entusiasmo de antiguos esparteros, vecinos de Cieza y miembros del Club Atalaya-Ateneo de la Villa. La labor desinteresada de todas estas personas ha permitido que este museo único en la región y en España se haya convertido en un referente turístico y cultural.

     

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