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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 12
    Agosto
    2015

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    Murcia

    El embrujo de Medina Siyasa

    El embrujo de Medina Siyasa

     

    Hay ciudades que mueren y Medina Siyasa fue una de ellas. Así lo quisieron los nuevos pobladores cristianos de Cieza, que prefirieron la llanura del valle a sus laderas escarpadas. Y así lo determinó Alfonso X, que expulsó a sus habitantes, en 1266, tras despojarlos de sus casas y sus bienes. El caso es que esta ciudad, que en sus momentos de mayor esplendor, allá por el siglo XIII, llegó a tener cerca de 800 casas y más de 4.000 habitantes, quedó despoblada, sepultada y condenada durante siglos al olvido.

    Encaramada sobre el Cerro del Castillo, Siyasa se alza, junto a la actual Cieza, sobre un lugar privilegiado: el corazón geográfico de la Cora de Tudmir, a las puertas mismas del Valle de Ricote. Y lo que los siglos sepultaron es hoy un yacimiento único en España, uno de los despoblados medievales mejor conservados del Mediterráneo occidental, con un valor, según todos los especialistas, fuera de lo común.

    Recorrer una ciudad abandonada produce una rara sensación. Lo sabe muy bien este peatón ciezano que cada vez que sube a Siyasa, y prácticamente no hay semana que no lo haga, siente cómo se cierne sobre él, así de golpe, el peso de la historia. Sobre todo cuando intenta imaginarse, en medio de un inquietante silencio, el antiguo rumor y ajetreo de sus calles habitadas, el trasiego de hombres y mujeres acudiendo a sus quehaceres, el vocerío de los comerciantes ofreciendo sus mercancías, la algarabía de los niños jugando en las calles. En definitiva, la vida surgiendo en cada rincón, detrás de cada muro derruido, a la vuelta de cada casa.

    No hay ciudad abandonada que no renazca cuando alguien vuelve a pisar sus calles. Lo sabemos muy bien en Siyasa y lo saben muy bien en Pompeya o, más cerca en el tiempo, en Oradour-sur-Glane, en el Limusín francés, donde durante la Segunda Guerra Mundial las tropas nazis destruyeron por completo el pueblo, asesinando a 642 personas. Los coches quemados y los edificios derruidos permanecen congelados en el tiempo, como estaban en 1944, para reflejar la monstruosidad de la guerra.

    Congelada en el tiempo permanece, en Siyasa, la monstruosidad del exilio. El desgarro de las expulsiones masivas por motivos políticos o religiosos. Y congelada en el tiempo ha quedado también, con algunas de sus casas y calles desenterradas, su alcazaba desafiante y sus murallas defensivas, esta “medina andalucí excepcional”*, (en palabras de Joaquín Salmerón, director del Servicio de Patrimonio del Ayuntamiento de Cieza y una de las personas que más han hecho por recuperar, conservar y difundir esta joya arquitectónica)

    El abandono de la ciudad permitió conservar casi intactas las ruinas, y ese es precisamente el misterio y el embrujo que guarda Siyasa. Muchas sorpresas nos reserva todavía este lugar mágico. Porque a medida que se vaya excavando (hasta ahora sólo se ha desenterrado una parte mínima) seguirán apareciendo objetos, arcos, balcones de estilo almohade y protonazarí, o muchos otros elementos ornamentales que den cuenta de lo que los técnicos han dado en llamar “su florecimiento habitacional”.

    Cuesta entender que un yacimiento de esta naturaleza no haya sido puesto en valor como se merece. Desde que se empezó a desenterrar, allá por los años 80 del siglo pasado, Siyasa ha sido la gran olvidada de la región. Promesas no han faltado, desde luego. Pero la mayoría de ellas se han quedado en eso: en brindis al sol. En proclamas políticas. La última actuación de la Administración, inconclusa y paralizada, por cierto, ha dividido a la comunidad científica. Frente a quienes la apoyan, se alzan quienes piensan que este tipo de restauración está perjudicando en realidad al patrimonio histórico puesto que destruye de forma sistemática e irreversible la identidad de lo que se supone que hay que conservar.

    Confiemos en que no sea así en Medina Siyasa. Porque lejos de encontrarnos ante un decorado de cartón piedra, aquí si que estamos ante un yacimiento histórico de verdad. Un yacimiento con unas vistas sobre el valle, el río y la huerta sobrecogedoras. Un yacimiento cuya visita se debe complementar con la del museo homónimo, donde se han reconstruido dos casas con sus arcos y pórticos, sus yeserías, sus estucos que decoran suelos y techos, sus patios centrales. Todo un escaparate -ruinas y museo- de lo que fue la vida cotidiana de aquella época.

     

    *Joaquín Salmerón Juan. “Medina Siyasa: una madina andalucí excepcional”. AL-KURRA. Cuaderno de estudios mudéjares y moriscos. Nº 1. Junio 2015. Vol. 1.

    Web: https://docs.google.com/file/d/0Byse0tepBXx0aTh6dktPR1RxOFk/view

     

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