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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 19
    Agosto
    2015

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    Cieza Murcia

    El Cañón de Almadenes: el paraíso recobrado

    El Cañón de Almadenes: el paraíso recobrado

    En casa, siempre oí hablar de Almadenes como de un paraíso perdido. Mi madre vivió allí, en la Presa de la Mulata, los primeros siete años de su vida, hasta el infausto 1939, año en que mi abuelo, empleado de la Confederación Hidrográfica de la época, fue represaliado. Evocar el Cañón de Almadenes, para mi familia, no ha sido sólo evocar la belleza de un paraje incomparable, de un entorno privilegiado, impactante, sino también el lento transcurrir de unos días felices, la ventura que da un trabajo digno, la placidez de una vida sencilla junto a un río y una huerta. Como a Alberti, a quien arrancaron del mar, a mi madre la arrancaron de Almadenes para traerla a la ciudad. Y siempre añoró ese paraíso perdido.

    La semana pasada fuimos todos nosotros quienes estuvimos a punto de perderlo. La naturaleza es una orfebre laboriosa que puede tardar años, siglos, en crear maravillas, pero también una diosa furibunda dotada de una capacidad destructora temible. Un rayo prendió el fuego y en cuestión de segundos, de minutos, las llamas devastadoras empezaron a devorar la Sierra de la Palera y del Molino, y a amenazar al propio cañón.

    Para quienes no lo sepan, hay que decir que a su paso por los términos de Calasparra y Cieza el río Segura se encajona entre altas paredes. Allí transcurre por una profunda hendidura formada a lo largo de millones de años, salpicada de cuevas con pinturas rupestres de incalculable valor. Por un desfiladero de cuatro kilómetros de longitud con paredes verticales (y de vértigo) que en algunos puntos superan los cien metros de altura. Por una garganta estrecha poblada de un exuberante bosque de ribera con sauces, chopos, álamos, lentiscos, pinos, zarzas, en el que se refugia una fauna diversa y rica en especies.

    Fueron días de angustia y de temor. De angustia por los daños que se iban conociendo, y de temor por lo que podía ocurrir. Al final, se produjo un cierto alivio. “El Cañón de Almadenes está herido, pero no muerto”, sentenció José Eduardo Illueca, concejal de Medio Ambiente de Cieza, uno de los muchos que junto a bomberos, forestales, técnicos, ciudadanos de a pie, lucharon contra el fuego. “Tiene heridas, es verdad, de las que tendrá que cicatrizar en los próximos años, pero el desfiladero sigue vivo y atesorando un valor ambiental fuera de serie”.

    El cañón tiene su origen en La Presa de la Mulata, quizá la parte que más se ha resentido. Una presa que no está ahí sólo para embellecer el paisaje. En su época de construcción, allá por 1920, fue una obra hidrográfica importante. Permite retener las aguas para que el grueso del cauce se desvíe mediante un canal subterráneo más elevado por la margen derecha del cañón y producir, al caer, cuatro kilómetros más abajo, la electricidad. El resto del cauce sigue su curso natural. Son aguas limpias y bravas que corren entre rocas por el desfiladero y por las que descienden los más atrevidos en balsas neumáticas.

    Este peatón ciezano se ha impuesto la obligación, que intenta cumplir, de recorrer al menos una vez al año el estrecho sendero que, bordeando las paredes del cañón, lleva de la presa de la Mulata a la Central eléctrica de Almadenes. El mismo que tantas veces recorrió su abuelo en su trabajo diario y que hoy recorren los amantes de la naturaleza y el senderismo.

    La naturaleza, que nos regaló este enclave privilegiado, ha estado a punto de quitárnoslo, o al menos de dañarlo seriamente. Ahora toca pedir y esperar que la Comunidad Autónoma presente los planes de recuperación y regeneración pertinentes. Lo importante, dicen los técnicos, es retirar la madera quemada para evitar riesgos de plagas, limpiar las inmediaciones de los abrigos, y sobre todo preservar las pinturas rupestres, entre ellas, las de la Cueva-Sima de la Serreta. Quizá la más simbólica, abocada al río, en un espacio inaccesible desde el exterior, y habitada desde el neolítico.

    Dentro de la desgracia, podemos llorar por un ojo. Almadenes se ha salvado de las llamas. El paraíso ha sido recobrado. Ahora falta que también se salve, en los años venideros, de la voracidad depredadora de los hombres.

     

     

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