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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 18
    Febrero
    2015

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    SOCIEDAD

    Dopaje político

    Si en política se aplicaran las mismas normas que en el ciclismo, más de un presidente de gobierno, de comunidad autónoma o de corporacidevolver el trofeo de corporaciicomunidad aut ciclismo, món municipal habría tenido que devolver el trofeo injustamente ganado. En la vecina Valencia, donde Anticorrupción acusa al PP de haberse financiado ilegalmente en las campañas 2007 y 2008, Puig, dirigente de Compromís, ha sido claro: “El PP ganó las elecciones dopado”. En nuestra Murcia, el juez Eloy Velasco ha desvelado otro posible caso de dopaje político. Tiene en su poder grabaciones en las que, al parecer, el empresario De Pedro aparece negociando con el jefe de gabinete de Juan Carlos Ruiz cómo lanzar, con dinero público, la carrera política del actual consejero de Turismo y aspirante a presidente de la región.

     ¿Cuántos gobiernos sucios se habrán constituido en estos últimos años, levantados sobre la sombra de la corrupción? Es algo que nunca sabremos. Cuando se pagan actos electorales por importe de millones de euros a cambio de recalificaciones urbanísticas, se construyen sedes de partido con dinero negro producto de donaciones a cambio de obras millonarias de la Administración, se promueven campañas de imagen de políticos a cambio de suculentos contratos, es evidente que se está falseando el juego democrático, por no decir la esencia misma de la democracia. Con sus Gürtels, Filesas, Umbras o Nuevas Cartagos, los grandes partidos siempre ha partido con cientos de metros de ventaja en todas las carreras electorales.

     En las elecciones, no nos engañemos, no todos compiten en igualdad de condiciones. Como en el ciclismo, en política hay gente que hace trampa. Que se dopa. Unos utilizan sustancias prohibidas y otros fondos o recursos ilegales para sacar ventaja o hacer añicos la igualdad de oportunidades. La lucha entonces es desigual y el resultado, una farsa. No hay más que ver la campaña anti-Podemos que el gobierno ha orquestada, utilizando la maquinaria del Estado, contra este partido emergente que le hace sombra. He aquí toda la artillería de la Administración puesta a disposición de los intereses de una formación política dispuesta a seguir en el poder a cualquier precio.

     Especialmente llamativo es, en esta lucha desigual, el papel desempeñado por los medios públicos de comunicación. La televisión estatal, siempre blanco de críticas por manipulación informativa, se convierte en periodo de elecciones en un elemento clave y partidista. Lo sabe muy bien Rajoy, que no ha dudado en contratar estos días a un grupo de periodistas afines al PP para “reforzar” TVE en este año electoral. O el gobierno murciano, que ha adjudicado la gestión de la televisión autonómica, y por lo tanto de sus informativos, a CBM-Secuya, un consorcio en el que figura como consejero el exPP Miguel Ángel Rodríguez. Una decisión que ha sido impugnada por los demás grupos por considerar que es “indignante” y “arbitraria”.

     También juega, en esta pugna descompensada, la sobreexposición mediática institucional, que sin ser ilegal es de dudosa catadura ética. La aplica el actual consejero de Educación, como en su día la aplicó Tovar, cuando era delegado del gobierno. Consiste en poner todos los recursos económicos y humanos de una consejería o de la Administración al servicio de una política de escaparate encaminada a la promoción personal. Esta “trasfusión” de recursos públicos a campañas de promoción política personal es la EPO de muchos gobernantes.

     No hace falta, como vemos, irse a Venezuela para encontrar casos de dopaje político. Además de disponer de millones de euros de dudosa procedencia, aquí también el partido del gobierno manipula los medios públicos de comunicación, pone a la Agencia Tributaria, a través del ministro de Hacienda, a apagar fuegos propios y atizar los ajenos, o lanza a sus dirigentes –llámense Martínez-Pujalte o Peñarrubia- a amedrentar a la Fiscalía, acusándola de parcialidad. Unas injerencias políticas que no tienen otro fin que poner la justicia a sus pies y buscar la impunidad.

     De poco serviría pedir ahora que se devuelvan las actas ganadas fraudulentamente. Sí que habría, en cambio, que poner coto, con medidas contundentes, al dopaje político. Por una simple cuestión de calidad democrática. Un político dopado, un partido dopado, depravan tanto la democracia como la corrupción de la peor especie.

     

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