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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 04
    Marzo
    2015

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    SOCIEDAD

    Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros

    La capacidad del PP regional para sortear una crisis tras otra sin que se resintiera su andamiaje interno ni su apoyo electoral está tocando a su fin. Hubo un momento en que parecía que todo le estaba permitido. Imputaciones y condenas por corrupción, promesas incumplidas, escándalos urbanísticos, déficits incontrolados, arcas públicas en la ruina, todo se le perdonaba en la España de la crisis gobernada por el zapaterismo.

     Contra Zapatero, Valcárcel se empoderó en su feudo murciano, creó una red clientelar que le permitió controlar el partido como un Gran Hermano y fue dueño y señor de una Murcia que usó de ariete contra el gobierno. La crisis de 2007 se convirtió luego en su aliada. Fue la época de las campañas a lo bestia del “Agua para todos”, de la reivindicación inquebrantable del Trasvase del Ebro y del AVE por Cieza, o de la denuncia de la financiación autonómica injusta que tanto castigaba a la región.

     La llegada al poder de Rajoy en 2011 marcó, paradójicamente, el principio de su fin. La crisis, lejos de remitir, se acrecentó. Sin enemigo externo y con una región empobrecida, un paro por las nubes y una economía en coma, su situación política se hacía insostenible. Sólo le quedaba la huida a Europa y seguir controlando el partido desde su condición de presidente del mismo.

     Y ahí empezaron todos sus males. Truncada la abdicación en Pedro Antonio Sánchez, encausado por la justicia, tuvo que recurrir a un interino, Alberto Garre, modoso y gris, para asegurarse una transición tranquila y tutelada hasta las próximas elecciones. Pero Garre, que obtiene en las encuestas un índice de aprobación aceptable, pronto empieza a resistirse a ser un presidente de usar y tirar, al que se ningunea, y decide dar la batalla para continuar en el cargo. La ruptura con Valcárcel y sus seguidores está servida. La guerras fratricida, hasta ahora más o menos latente, aflora y adquiere tal virulencia que está llevando al PP regional a la descomposición política. El PP contra el PP, Garre contra Valcárcel, eso es lo que vive con desconcierto la militancia conservadora estos días.

    La última jugarreta de la guardia pretoriana del aparato, encabezada por Martínez-Pujalte, para salvar al “general” Valcárcel, es quizá la gota que ha colmado el vaso. Entorpecer la labor de la justicia con la dimisión inesperada de un consejero imputado es una maniobra a la vez desesperada y reveladora de lo mucho que está en juego. Nada más y nada menos que impedir la imputación del otrora todopoderoso presidente regional y actual europarlamentario, a quien el juez Abadía señala como el “señor X” del Nuevo Cartago, es decir, como el jefe de “la trama” que habría dado a Hansa Urbana garantías de que su proyecto, pese a necesitar modificaciones urbanísticas por afectar a terrenos protegidos medioambientalmente, iba a seguir adelante. Los presuntos “regalos” y dádivas” recibidos a cambio, para los que habría utilizado a familiares y testaferros, de confirmarse, pasarán a engrosar, con toda seguridad, la cada vez más extensa Historia de la Infamia de esta región.

     Así las cosas, la lucha sin cuartel abierta en el PP murciano por el control del partido echa chispas. Madrid sigue sin pronunciarse y, con su silencio, alimenta especulaciones y atiza más fuegos internos. Garre echa mano de parsimonia, y de mucha sangre fría, tomándose su tiempo para anunciar el cese oficial de Cerdá y el nombramiento del sustituto. Aprovecha además la crisis para cesar a su pujaldista consejero de Economía y hacer modificaciones de calado en las competencias de las consejerías. Un golpe de autoridad que no casa con alguien que lo tuviera todo perdido, sino todo lo contrario.

     El grito de guerra "Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros", atribuido a Pío Cabanillas en los tiempos de las guerras fratricidas de la UCD, adquiere una vigencia de primer orden en el enfrentamiento que mantienen las fracciones del PP regional por el control del partido. La línea que separa en política al enemigo mortal y al compañero de partido tiene a veces unos trazos más que difusos. Más volcado en sus líos internos de sucesión que en solucionar los problemas de los ciudadanos, el PP murciano se va disgregando a fuego lento. Cualquier otro partido con unos enfrentamientos similares hace tiempo que se hubiera ido al garete. Si se sigue manteniendo relativamente sólido, pese a la anunciada pérdida de mayoría absoluta, es porque enfrente tiene una oposición que al día de hoy tampoco termina de recomponerse.

     

     

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