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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 07
    Diciembre
    2016

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    Murcia

    CONSTITUCIÓN INCUMPLIDA

    Me recuerdo votando por primera vez en la cárcel de Cieza, hace ahora treinta y ocho años. Despojada de su función de prisión, la vieja cárcel, ya casi en ruinas, fue convertida en sus años finales en colegio electoral. Los mismos barrotes que habían cercenado la libertad de cientos de presos políticos del franquismo años antes eran ahora testigos del tiempo nuevo que se abría paso. Recuerdo las mesas electorales dispuestas en el pasillo central, con la urna en el centro, rodeadas de celdas y calabozos, algunos con mensajes anónimos y calendarios tachados en sus paredes. Y a los ciezanos y ciezanas votando y transitando libremente por aquel edificio de infausto recuerdo.

    Cayó en miércoles aquel 6 de diciembre de 1978, el día elegido para la celebración del referéndum que ratificó la Constitución española de 1978. Una fecha destinada a pasar página y dejar atrás la larga noche de la dictadura. Una jornada recibida por muchos con la misma alegría y esperanza que un preso injustamente condenado ve anunciado el día de su liberación.

    A diferencia de Fernando Savater, yo no me abstuve en aquel referéndum constitucional. Voté sí. Y eso que el texto, en la (escasa) medida en que lo conocía, no me convencía en muchos de sus aspectos. Entre otras cosas porque yo también, como él, me sentía “republicano, del régimen igualitario, laico, jacobino (¡claro!), de maestros y jueces, el de Jules Ferry y Léon Blum”, que había mamado en las aulas de la escuela pública francesa, esa que nuestros vecinos llaman “l’école de la republique”. Pero lo hice, aun con cierto pesar, porque me convencieron quienes defendían que lo “importante era alcanzar la democracia viable, no elegir a la carta lo más gratificante”.

    Lo paradójico, por no decir esquizofrénico, del caso es que Savater, que se abstuvo en aquel referéndum, convertido ahora en defensor acérrimo de la monarquía (no hay más que ver las cuentas que hace para deducir el apoyo popular que tiene el rey), nos quiere hacer creer que el voto emitido hace treinta y ocho años, al ser mayoritario a favor de la constitución, nos encadena al presente y desautoriza a la hora de expresar públicamente nuestras preferencias republicanas, por lo menos en el Congreso, como hicieron algunos parlamentarios de la izquierda, de quienes se mofa, en la apertura de las Cortes. No sé si incluye también en el lote a nuestros hijos, que no tendrían tampoco derecho a pronunciarse sobre la Jefatura del Estado porque ya lo hicimos nosotros por ellos hace cuatro décadas.

    Curiosa forma de entender la democracia. Si yo voté en aquel momento “sí” a la Constitución fue para que se abriera un tiempo nuevo en este país. Un tiempo de democracia, de justicia y de libertad. No para perpetuar a los Borbones en el poder. Y menos ahora que nos enteramos por una grabación inédita que Suárez forzó la inclusión de la monarquía en la ley para evitar que los españoles se pronunciasen a favor de la república, porque el referéndum sobre la monarquía se “perdía”.

    Sin embargo, pese a todo, si tuviera que volver a votar, estoy convencido de que votaría lo mismo (por lo de la democracia viable), aunque el devenir de esta constitución nos haya dejado tantos sinsabores y alguna que otra amargura.

    Y no sólo por la cuestión sucesoria, sino por su incumplimiento casi sistemático. Sobre todo por parte de algunos a quienes se les llena la boca defendiéndola. Los mismos que incluyeron algunos de sus aspectos más sociales y democráticos por mero oportunismo político, y que luego los han pisoteado a diario con sus políticas antisociales. ¿Dónde queda –después de estos años- el derecho y deber constitucional al trabajo digno, el derecho a una vivienda digna? Dónde la igualdad de acceso a la Sanidad, a la Educación, a la protección social de los colectivos sensibles, como los dependientes, cada vez más amenazada por la lógica del mercado y las privatizaciones.

    Tras treinta y ochos, ha llegado el momento de reformar aquella constitución que nos dimos. Y si es para avanzar en derechos sociales y democráticos volveré a votar que sí. Pero con un pequeña nota añadida: “por favor, que se cumpla”.

     

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