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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 04
    Febrero
    2015

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    SOCIEDAD

    Cifras aritméticas y cifras políticas

    Si un título de grado universitario se devalúa hasta convertirse en papel mojado, o higiénico, como prefieran, tendrá que venir forzosamente otro título a sustituirlo, a ocupar su lugar en el mercado laboral. Esa otra titulación “complementaria” no es otra que el posgrado, que irrumpió con el plan Bolonia y que ahora Wert quiere institucionalizar con su decreto de “flexibilización” de títulos.

     Si echamos la vista atrás, vemos que el 5+0 (5 años de carrera más ninguno de máster) generalizado en las anteriores licenciaturas pasó al 4+1 (cuatro de carrera y uno de posgrado) con Bolonia, y está en visos de convertirse en un 3+2, si el gobierno de Rajoy termina saliéndose con la suya. Al fin y al cabo, dirán algunos, qué más da, estamos ante una simple suma aritmética. Cinco años se invertían antes en cursar una licenciatura y cinco años se necesitan a ahora para cursar un grado y su posgrado.

    Desde el punto aritmético, puede que sea así: la suma es impecable. Pero desde el punto de visto político, no lo es tanto. El cambio de las proporciones tiene una finalidad política y social muy clara. Busca un objetivo que no es otro que modificar el sistema universitario español, favoreciendo a la universidad privada en detrimento de la pública, y de paso crear una titulación “devaluada” de tres años para la mayoría, y otra “elitista”, de cinco, para quien pueda pagársela. Porque no nos engañemos. Si un año de grado puede costar, según cálculos de la propia universidad, unos 1.500 euros, uno de posgrado se eleva hasta los 3.000. ¿Alguien piensa que quien quiera competir en el mundo laboral podrá conformarse, como dice el ministro peor valorado del gobierno, con una carrera de tres años y ahorrarse un año de tasas?

     Casi sin darnos cuenta, el modelo social que fuimos levantando poco a poco se desintegra a pasos agigantados frente a la mirada casi pasiva de quienes estamos destinados a sufrir las peores consecuencias de este derrumbe: las clases trabajadoras.

     A eso ha querido ponerle freno, precisamente, el nuevo gobierno griego. Rebelándose desde el primer momento contra la troika y aplicando una serie de medidas sociales de choque destinadas a paliar el sufrimiento de una población asfixiada por una política de austeridad inhumana. Porque además de una crisis, esto es, como se ha repetido muchas veces, una estafa. Sami Nair lo explica muy bien en su libro “El desengaño europeo”. La crisis, dice, fue provocada por “una deuda privada colosal vinculada a una política inmobiliaria de los bancos escandalosa”, y que hábilmente los poderes financieros han sabido convertir “en un problema de deuda pública” para hacer pagar la totalidad de la crisis a sus víctimas, los ciudadanos de a pie. Al rescatar a los bancos, el Estado no ha podido seguir financiando las políticas públicas (Seguridad Social, Educación, Vivienda, pensiones…). Lo se siempre: se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas.

     En los próximos días, Grecia pedirá formalmente al Eurogrupo la condonación del 60% de su deuda. La parte que considera injusta. Junto a Merkel, Guindos ha sido el primero en oponerse. Si nosotros hemos rescatado a nuestros bancos con decenas de miles de millones de euros de dinero público, que todos los españoles estamos pagando religiosamente, vino a decir, que los griegos apechuguen también. De nuevo nos encontramos con cifras aritméticas frente a cifras políticas. Alemania tuvo derecho en 1953, tras el acuerdo de Londres, a la anulación de un 62% de su deuda externa, por la sencilla razón de que no podía pagarla. Pero pretende que Grecia pague ahora el total de una deuda cuyos intereses están arruinando al país. Las negociaciones van a ser duras. Saltarán chispas. Pero que no quepa ninguna duda de que los números “aritméticos” dejarán paso a los “políticos”. Y habrá quita, reconocida o no, pública o enmascarada. Grecia no puede pagar todo lo que le reclaman y, como en su día Alemania, no lo hará.

     Y hablando de números, ¿cuánta gente había en la Puerta del Sol el sábado en la convocatoria de Podemos? Cien mil personal como decía la policía de Botella, ciento cincuenta mil, según las cuentas de El País, o trescientas mil, según los convocantes? Como siempre, no hay manifestación en que no se enfrenten las cifras aritméticas a las políticas.

     

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