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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 26
    Agosto
    2015

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    Cieza Murcia

    Atardecer en el Balcón del Muro

    Atardecer en el Balcón del Muro

    Contemplar el atardecer desde el Balcón del Muro es una experiencia única. No sólo porque nos encontramos en un enclave del siglo XV, testigo de la historia de un pueblo, sino porque desde este promontorio donde nació la Cieza castellana se abre una inmensa ventana a una naturaleza exuberante. El río Segura bordeando la ciudad a nuestros pies, las frondosas huertas de la vega salpicadas de palmeras, la impresionante mole de la Atalaya planeando sobre nuestras cabezas, los montes y las tierras de Caravaca que se pierden por poniente… Un paisaje sobrecogedor que no deja a nadie indiferente.

    De la antigua fortaleza mandada construir en el siglo XV por la Orden de Santiago se conserva, es verdad, menos de lo que nos gustaría -ya se sabe que esta región ha destacado poco por su defensa del patrimonio histórico- pero ahí están todavía algunos restos de la antigua muralla, la Casa de la Encomienda y la Ermita de San Bartolomé. La actual muralla, imponente y desafiante, con paredes de más de 20 metros de altura, nunca cumplió, en contra de la creencia popular, ninguna función defensiva. Cuando se construyó en época de Cánovas del Castillo, allá por el 1898, hacía tiempo (unos cuatrocientos años) que el reino nazarí de Granada había pasado a mejor vida. Para ser precisos, se trata de un imponente muro de contención destinado a sujetar las tierras laguenosas del cerro en que se alzó la nueva Cieza.

    Mejor les hubiera ido a los ciezanos de la época si el muro actual, el que podemos contemplar mientras cruzamos el Puente de los Nueve Ojos, hubiera existido en 1477. Porque aquel año, las tropas del rey granadino Abul Hassan invadieron la villa que era entonces “un lugar desprotegido”. Esta invasión, especialmente cruenta, si nos atenemos a testimonios posteriores, hubo de ser una razia más entre las muchas que llevaban a cabo tanto los bandos musulmán como cristiano para saquear enclaves fronterizos, obtener botines y capturar prisioneros por cuya liberación se pedía luego un rescate.

    El caso es que este episodio tan señalado en la historia de Cieza ha quedado grabado en el lema del escudo, “Por pasar la puente, nos dieron la muerte”, y sirvió de fuente de inspiración a la escultura Carmen Carrillo a la hora de concebir una magnífica obra de teatro, “Crónica de una invasión anunciada”, en la que se recrean aquellos trágicos hechos. La conmemoración de esta derrota está igualmente en el origen de la celebración de la “Fiesta del Escudo La invasión” que se enmarca en la tradición de festejos de moros y cristianos del levante español.

    Las crónicas quieren que aquel fatídico día fuera un viernes santo y que las tropas granadinas aprovecharan la asistencia a misa de los vecinos para “pasar la puente” y atacar a la población. Ni siquiera la llamada a arrebato de una mujer muda que, aterrorizada al divisar al invasor, “habló”, pudo impedir la masacre. Atrapados por sorpresa en la Ermita de San Bartolomé, fueron muchos los vecinos que perecieron o fueron hechos prisioneros y llevados a las mazmorras de Granada.

    La antigua ermita de San Bartolomé, antigua torre del Homenaje de la Fortaleza, sigue todavía en pie junto al Muro, con su forma octogonal inconfundible, albergando al patrón de la ciudad, en cuyo honor se celebran esta semana las fiestas del pueblo. A decir verdad, no lo ha tenido fácil San Bartolomé para conservar su cetro. El santo ha gozado entre los ciezanos, seamos sinceros, de una veneración más bien mitigada. El gran fervor, tanto el religioso como el folclórico, hace tiempo que se lo lleva su competidor, el Santo Cristo del Consuelo. Y eso que en épocas pasadas, el santo llegó a sudar hasta la extenuación para detener tormentas devastadoras para los campos.

    El balcón del Muro, testigo de incursiones sangrientas, es hoy un mirador al que acuden los enamorados, en los largos atardeceres, en busca de intimidad y de un paisaje de una belleza que corta el aliento. Tampoco faltan paseantes solitarios en busca de sosiego, y sobre todo, últimamente, numerosos visitantes que quieren llevarse en su retina una de la más bellas estampas de Cieza.

     

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