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Antonio Rodríguez Rubio

Soy un converso del azul al rojo; que a decir de muchos, somos los peores. Y así, soy rojo, muy rojo: Republicano-federalista. ...

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No me busques junto a los poderosos que no me hallarás.


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  • 16
    Junio
    2015

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    SOCIEDAD Murcia

    UN ABRAZO.

    UN ABRAZO.

    “Quien tiene un amigo tiene un tesoro”; que reza el dicho.

    También se dice que un amigo es aquel que conociéndote tan bien como te conoce, lo sigue siendo. Pero…

    La amistad, es un bien escaso; de ahí lo del tesoro. Puedes tener un sinfín de conocidos, pero los amigos los puedes contar con los dedos de la mano.

    Desde que inicié mi jardín, siempre he tenido rosales blancos; la rosa blanca para el amigo sincero que me da su mano franca que decía José Martí.

    He leído por ahí que los amigos que se pierden, es porque nunca lo fueron; un amigo es para siempre.

    Ciertamente, le doy a la amistad un grandísimo valor.

    De igual forma que hay besos y besos, hay abrazos y abrazos. Los abrazos asépticos, no son abrazos. El abrazo de verdad, funde. Que yo recuerde, solo he recibido en mi vida dos abrazos fundentes. Dos amigos, chica y chico.

    Han dicho de los españoles que nos tocamos poco, pero es que nos abrazamos menos aun. Ahora no se suele ver a personas cogidas del brazo; cuando esto se daba, era más bien cosa de mujeres; si lo hacían dos varones, eran tachados de maricones. El contacto físico entre varones, estaba mal visto. Los humanos que somos tres cubos de agua y poco más, tenemos una energía que ordena unos cuantos elementos químicos; somos principalmente energía, energía que pasa de uno a otro en el contacto físico. De esta manera, cuando una persona está decaída y es abrazada, experimenta un alivio; inyección de energía positiva.

    Se ha dicho que hasta los nueve o doce meses de vida, el bebé detecta a las personas que le puedan hacer mal. Después se pierde esta propiedad. Les puedo asegurar que si hay un niño pequeño llorando y lo tomo, dejará de hacerlo. El niño denota toda la ternura que le transmito. Me gusta tocar a los niños; abrazarlos, apachurrarlos. Me suelo parar junto al carrito de un niño aunque ni conozca a la madre. Hice de la defensa a ultranza de la infancia mi bandera. Por eso pido penas severísimas para aquellos que abusan de alguna manera de un niño. El caso es que ese amor cálido, lo prolongo más allá de la infancia. Soy amante del género humano; filántropo.

    Mi abuela Gertrudis que era muy efusiva, me solía abrazar cada poco. Ese apachurramiento, me ha acompañado siempre.

    Recientemente he recibido un abrazo. Largo, fuerte. Tan largo que me va a acompañar mientras viva.

    Dios y mi canto, saben a quien nombro tanto; que dice Serrat.

     

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