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Antonio Rodríguez Rubio

Soy un converso del azul al rojo; que a decir de muchos, somos los peores. Y así, soy rojo, muy rojo: Republicano-federalista. ...

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No me busques junto a los poderosos que no me hallarás.


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  • 19
    Abril
    2015

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    SOCIEDAD Murcia

    ¡TÚ SI QUE VALES!

    ¡TÚ SI QUE VALES!

    “Solo el necio confunde valor y precio”; don Antonio Machado lo dijo.

    Estábamos en el Monasterio de El Escorial en las salas de tapices; uno de los visitantes preguntó a la guía que cuánto constaría uno de ellos. Con la cara a cuadros, nos quedamos todos mirando el preguntón. El precio de una obra de arte como las referidas, solo se puede fijar mediante una subasta y, los tapices están en El Escorial; no salen.

    El valor y el precio, son cosas subjetivas. Hay cosas de un extraordinario valor para mí a las que otros no conceden ninguno; algo así como “el rosario de mi madre”.

    Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad que define la Unesco. Precisamente, hay cosas intangibles que tienen un inmenso valor.

    Tengo suficiente edad como para haber visto a mis mayores cerrar un trato con un apretón de manos, con el apretón de manos se empeñaba la palabra y esta tenía el mayor de los valores. Hoy, ni una escritura pública ante notario tiene ese valor; para volverse atrás, se puede aducir que cuando firmó la escritura padecía un trastorno mental transitorio. La palabra dada por muchas personas a día de hoy, carece de valor; carece de valor pero no de precio.

    Como el valor es subjetivo, aplicaré a las personas y sus actos lo que yo estimo valorable. Lo que para mí es un mérito, para otra persona puede ser un demérito. He envidiado a Alfredo Kraus pero no a Rockefeller. Si hubiera podido estrechar la mano de don Manuel Azaña, me hubiera considerado afortunado; a otros no daría la mano ni amarrado.

    Desde antiguo se ha venido valorando a las personas por su posesión de cosas materiales o por su poder. Los filósofos no fueron príncipes; los científicos, tampoco. Yo concedo un extraordinario valor a un neurocirujano. Las personas valiosas son aquellas que aportan a diario su sapiencia y su quehacer para mejorar la vida de las personas; en todos los aspectos de la vida. La vida de las personas está asociada a su ambiente y preservando su ambiente, las protegemos a ellas mismas; el biólogo no es menos importante. Pero…, ¿se podría levantar un excelso edifico sin el peón de albañil?; no se tiene en cuenta al peón de albañil y se encumbra al arquitecto; ambos son necesarios.

    Son muchos los que valoran a las personas por el lugar social que ocupan; pero ese lugar que ocupan, puede haber sido obtenido a base de perversión; de traiciones y puñaladas traperas. Lo que socialmente sea valorado en una determinada época, no quiere decir que sea lo mejor; lo excelso no suele ser valorado socialmente.

    Con la putrefacción se liberan elementos que dan vida al mundo vegetal y este es la base de la cadena trófica. Con la putrefacción social, aparecen ciertos elementos nocivos. ¿Qué valor vamos a aplicar a los corruptos?

    No es lo mismo ser vil que servir. La vileza, no es una virtud.

    Deberíamos valorar a las personas en su justo término.

     

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