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Antonio Rodríguez Rubio

Soy un converso del azul al rojo; que a decir de muchos, somos los peores. Y así, soy rojo, muy rojo: Republicano-federalista. ...

Sobre este blog de Sociedad

No me busques junto a los poderosos que no me hallarás.


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  • 01
    Agosto
    2015

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    SOCIEDAD Murcia

    SUBJETIVIDAD.

    (Cada cual cuenta de la feria según le ha ido).

    Cuando las cosas nos afectan personalmente, uno no puede ser objetivo; siempre las miramos desde nuestro exclusivo punto de vista, barriendo para casa.

    Le llamo a la depresión la enfermedad de la vergüenza. La mayoría de las personas suelen pensar que el depresivo no tiene nada, que lo que tiene es: cuento. Entre bromas y entre veras, no es la primera vez que me lo dicen. Es distinto de cuando una persona padece un cáncer ya que el cáncer, es visto por la población casi como una maldición bíblica y mueve a la conmiseración. Pues estoy jubilado por: depresión endógena crónica; distimia y, trastornos de la personalidad de tipo esquizoide. La gente no suele ver cuando lloramos. La gente no sabe que en una crisis depresiva fuerte hasta lo que más quieres en la vida que son tus hijos, te llegan a molestar. Y esto te produce un tremendo dolor. El enfermo depresivo, sufre, sufre mucho.

    Lo más grave de la depresión, en que hasta tu entorno más cercano piense que lo que tienes es: cuento.

    Los depresivos en general, tememos a la primavera. Pero en mi caso particular, las crisis más severas que he padecido, han sido en el mes de agosto: temo al mes de agosto, la última de las muy agudas, ocurrió en agosto de 2003 (fui atendido por el jefe de siquiatría de planta del Hospital Universitario “Virgen de la Arrixaca”). En una crisis depresiva severa, puede ocurrir cualquier cosa. El siquiatra que me atendía, me prohibió portar armas de fuego, aunque consciente del peligro, ya había vendido mi revólver. El daño en el depresivo, va más contra su propia persona que contra otras; si causara daño a otras, se daría la figura forense de: daño ampliado.

    ¡No me quieras tanto, corazón!, ¡déjame en paz!

    Las buenas palabras dirigidas al depresivo, causan más daño que beneficio.

    A estas alturas, no espero nada de la vida. ¿Cómo voy a temer a la muerte si la considero una liberación?

     

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