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Antonio Rodríguez Rubio

Soy un converso del azul al rojo; que a decir de muchos, somos los peores. Y así, soy rojo, muy rojo: Republicano-federalista. ...

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No me busques junto a los poderosos que no me hallarás.


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  • 05
    Abril
    2015

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    SOCIEDAD Murcia

    RESURRECCIÓN.

    RESURRECCIÓN.

    En la mitología griega el ave Fénix resurgía de sus cenizas.

    Somos tres cubos de agua y poco más; la materia. Hay una energía que pone en marcha a unos elementos químicos que da vida al ser humano. Estimo que esta energía no será del mismo tipo que la que de vida a un ser no pensante. Cuando la energía del ser pensante abandone la materia, se reunirá con otras energías de similares características. La materia y la energía ni se crean ni se destruyen, se transforman.

    Mediante complicados sistemas, hoy se puede medir la actividad fisiológica del cuerpo humano. Cuando un cuerpo se mueve dentro de un campo magnético, da lugar a una corriente eléctrica. Nuestros cerebro y corazón, se mueven por impulsos eléctricos. Esos impulsos permiten ser gravados por los sistemas electrónicos y a partir de ellos, emitir diagnósticos.

    Si usted quiere, a la energía necesaria para ordenar y dar vida a un cuerpo humano, le puede llamar: alma.

    El corazón, es un músculo.

    El cerebro es un potente ordenador que manda las órdenes necesarias a todo el conjunto de tejidos y órganos que componen el cuerpo humano.

    No veo que el hombre pueda resurgir de sus cenizas como el ave Fénix. En todo caso, podrá resurgir de sus obras; lo que pudo hacer o decir mientras estuvo vivo. Puede ser que perviva en la mente de otros que le suceden y hacerse eterno. Por ejemplo Sócrates, es inmortal; Isaac Newton, también lo es. Cada vez que filosofamos o utilizamos las leyes de atracción de los cuerpos, estaremos recordando a Sócrates o a Newton.

    El pensamiento humano si es como el ave Fénix, cuando parece que una idea está agotada, resurge en otros y vuelve a su esencia misma. Decimos que la historia se repite. Estamos constantemente reelaborando el paradigma.

    Le damos demasiada importancia a la muerte física. Somos muchísimos los que vamos a pasar por el mundo sin dejar constancia de ello directamente. En el mejor de los casos, pasaremos con el apelativo de: gente, masa. No seremos inmortales, nuestra vida existirá en tanto existan nuestros deudos; en el recuerdo de ellos.

    Desde Ícaro a nuestros días, el hombre ha soñado con volar. Desde la más remota antigüedad el hombre ha estado fascinado por las estrellas y ha querido desentrañar sus misterios. Mediante la ciencia, el hombre vuela y ha desentrañado muchas partes del firmamento. Se está buscando vida inteligente en las estrellas. En su búsqueda del más allá, el hombre olvida el más acá. El hombre olvida al hombre.

    Cuando el hombre se ha hecho urbanita y ha abandonado la naturaleza, no se da la selección natural. Entonces, de una u otra forma, se da la eugenesia. En la mente calenturienta de Hitler se desarrolló la idea de la superioridad de la raza aria y a aquellos que consideró inferiores, los eliminó. Pero hay métodos más sibilinos de llevar a cabo la eugenesia; la extracción por capas sociales.

    El 1932 veía por primera vez la luz la impresionante novela de Aldous Huxley: “Un mundo feliz”. Desde luego que Huxley fue un profeta. El final, es aterrador. Distopía.

     

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