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Antonio Rodríguez Rubio

Soy un converso del azul al rojo; que a decir de muchos, somos los peores. Y así, soy rojo, muy rojo: Republicano-federalista. ...

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No me busques junto a los poderosos que no me hallarás.


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  • 06
    Enero
    2012

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    REGALOS DE REYES.

    Daniela cumplirá el día 20 de marzo tres años. De cuantas cosas le van a poner los Reyes, lo que más ilusión le hace es: un libro. La niña no sabe leer aún, pero le hace ilusión un libro. Y a renglón seguido mi hija dice:
    - Papá, le van a gustar los libros tanto como a tu sobrina (mi sobrina María del Mar es la madre de Daniela).
    En mi lejana infancia, los Reyes me trajeron un año un estuche de madera y una caja de seis colores de la marca Alpino. No cabía en mí de gozo. Unos meses antes mi abuelo había ido a su tierra (Lorca, tierra de curtidores) y me había traído una cartera de cuero que sustituyó a la de tela que primorosamente mi madre me había confeccionado. Yo llevaba entonces a la escuela el Catón y estaba en primero de primaria.
    El esquí sobre tabla (snowboard), lo practicábamos en mi pueblo en los años 50 y 60. Se tomaba una hoja de chumbera y se abría por la mitad, luego con la parte babosa sobre el suelo nos dejábamos caer por alguna pendiente. Ni que decir tiene que nieve no había ninguna.
    Casi todos los niños varones de mi infancia, éramos consumados arqueros. Una vara de cambrón, un hilo palomar y las cañas de los cohetes que hacían de flecha, formaban el arsenal. Alguno con mala leche le ponía un clavo en la punta a la flecha.
    Mis juguetes eran tacos de madera que recogía en una de las carpinterías del pueblo. Las cajas de cartón del calzado, también daban mucho juego. En mi mente infantil los tacos de madera podían ser cualquier cosa.
    Sin embargo y según un sicoanalista que consulté, tuve exceso de cariño. Estar con mi abuela Gertrudis, era en mi pasión.
    El caso de mi sobrina-nieta Daniela, no es usual. Su prima María del Mar que cumplirá los tres años cinco días después que ella, no se siente atraída por un libro; en su casa es que no hay libros, de ningún tipo.
    Para regalar un juguete a un niño actual, has de devanarte los sesos; ¡los tiene todos! Me refiero como es natural a nuestro maravilloso primer mundo.
    Si dejáramos a los niños elegir los juguetes, nos llevaríamos más de una sorpresa. Si nos fijamos bien, de entre la marea de juguetes que tienen los niños, no juegan con todos; uno o dos de ellos serán sus favoritos.
    Y es que temprano empezamos a “educar” a los niños en la creencia de que la posesión de cosas materiales trae la felicidad. Sin embargo, nada agradece más un niño que el que sus padres jueguen con ellos. Pero es que en la sociedad de la prisa los padres no tienen tiempo de jugar con sus hijos. Prefieren que estén entretenidos con esos juguetes que a la postre destruyen lo que de bueno traían al nacer. El juguete bélico, sigue haciendo furor; ahora como juego electrónico. Un niño varón que juegue con cocinitas, sigue estando mal visto. Por las calles de mi pueblo echo en falta niños jugando a la pelota.
    En esta “educación” temprana, el niño está confinado en casa rodeado de juguetes. De esta forma se modela el individualismo. Los juegos de equipo cada vez son menos usados.
    Cualquier sicólogo infantil que consultemos, nos dirá que entre los tres y seis años se forma la personalidad del niño; lo que va a ser de adulto. Luego en la primera adolescencia se terminará de formar, pero la impronta dejada en la primera infancia será la que lo configure como persona. El que crezca aislado, no le hace ningún bien.
    En el medio rural tenemos la ventaja de tener el campo o la sierra cercanos; pero en cualquier ciudad habrá un parque que los sustituya. Si se lastimara, un desinfectante, unas tiritas y a seguir jugando; si llega a mayores, para eso están los servicios de traumatología. Un niño como cualquier cachorro, gusta revolcarse en la arena.
    Si un niño es un vaso que hay que llenar, no lo llenemos de basura consumista.
     

     

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