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Antonio Rodríguez Rubio

Soy un converso del azul al rojo; que a decir de muchos, somos los peores. Y así, soy rojo, muy rojo: Republicano-federalista. ...

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No me busques junto a los poderosos que no me hallarás.


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  • 08
    Agosto
    2015

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    SOCIEDAD Murcia

    ESCRIBIR.

    ESCRIBIR.
    (A mano y sobre papel).
    Al principio de la escritura, se solía hacer con un punzón sobre arcilla. Luego, llegó la pluma de ave. En el siglo XIX, apareció la plumilla metálica sobre palillero.
    En mi muy lejana infancia, en los pupitres teníamos un tintero de loza con tinta hecha con fuchina y agua, el palillero con su plumilla, nos lo prestaban en la escuela. De vez en cuando, tocaba limpiar los pupitres con legía a fin de eliminar la tinta que en forma de “macocas” caían sobre el tablero. Las más de las veces, llevábamos los dedos manchados de tinta. Con un trapo y saliva, se limpiaba la plumilla cada día al terminar. Hasta los ocho años, solíamos utilizar el lápiz de mina.
    Antes de la aparición del “Rotring”, para el dibujo lineal utilizábamos el tiralíneas. También plumillas de distintos grosores en la punta dotadas de una pequeña lámina adosada para contener la tinta china. La rotulación, se hacía con plumilla y palillero.
    La revolución en la escritura llegó de la mano de las plumas estilográficas en el siglo XIX. Desde su invención hasta hoy, ha variado poco; su estructura, viene a ser la misma. Lo que ha cambiado a lo largo de los años, es la forma de llenado del depósito. El plumín que en un principio fue de oro, ha sido sustituido por el acero inoxidable.
    La pluma estilográfica fue arrinconada por el bolígrafo. Si en otros tiempos se podían ver camisas manchadas de tinta porque se le había salido al bolígrafo, a día de hoy este problema está resuelto.
    Se cuenta que en los vuelos espaciales y sin gravedad, los bolígrafos no escribían. Los yanquis gastaron millones de dólares en solventar este problema; los rusos, simplemente utilizaron un lápiz de mina. El lápiz de mina, data de alrededor de 1.600. La mina era y es de grafito.
    Cuando escribo sobre papel, suelo hacerlo con estilográfica. Para tomar notas, utilizo el bolígrafo.
    La pluma es personal e intransferible. Esto es así porque el plumín se adapta con el uso a la forma de escribir de cada uno. El plumín que suele ser de acero, lleva una hendidura en la punta para facilitar la escritura y un agujero al final de ella para que “respire” el depósito. Tengo varias plumas, pero la Parker con plumín bañado en oro, es la que utilizo más. Uno, que se dio un capricho; eso sí, pagada a plazos.
    Lo que estoy escribiendo ahora, son mis recuerdos de infancia en casa de mis abuelos paternos; me he ocupado muchísimo de mi abuela Gertrudis y muy poco de mis abuelos Antonio y María Agustina. ¡Lástima que el abuelo me durara tan poco!, tenía siete años cuando mi abuelo Antonio murió. En cierto modo, fue mi héroe; si había algún problema, mi abuelo lo solucionaba.
    Quizá haya sentido alguna animadversión hacia mis abuelos paternos, los he culpado siempre de que mi padre hubiera tenido el brazo derecho casi inútil. En Lorca les dijeron que con las corrientes se le podría curar; pero solo fueron una vez al médico con mi padre. Bien es cierto que desde el centro de la sierra de la Almenara a Lorca, había muchos kilómetros y el medio de transporte, era una burra. Lo peor de todo, es que como estaba inútil, lo dejaron como cosa perdida. Se volcaron más en el hijo “sano”.
    Ahora en la lejanía, veo el tremendo amor que me tenía mi abuelo. Mi abuela María Agustina era una mujer muy callada que no mostraba sus sentimientos; pero yo era su sangre y casi su propiedad. Mi madre fue la primera vez a la vendimia francesa en 1961, mi hermana tenía cinco años y yo diez. Mi padre como jornalero pasaba el día en el campo; vino para cuidarnos mi abuela María Agustina. Ocurrió que contraje una hepatitis A y mi abuela era incapaz de cuidarme (no lograba que me dejara poner las inyecciones), se recurrió a mi abuela Gertrudis que con el alpargate en la mano me podían pinchar donde y como quisieran. Mi abuela María Agustina, ni me pegaba ni consentía que nadie lo hiciera en su presencia; sangre de su sangre y casi de su propiedad.
    Lo que estoy escribiendo, es para “consumo” interno. Se quedará ahí por si alguna vez mis hijos quieren leerlo.

     

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