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Antonio Rodríguez Rubio

Soy un converso del azul al rojo; que a decir de muchos, somos los peores. Y así, soy rojo, muy rojo: Republicano-federalista. ...

Sobre este blog de Sociedad

No me busques junto a los poderosos que no me hallarás.


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  • 23
    Junio
    2015

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    SOCIEDAD Murcia

    ESCRIBIR TUS MEMORIAS.

    ESCRIBIR TUS MEMORIAS.

    ¿Para qué?

    Lo más probable es que no le interesen a nadie; ni a ti mismo.

    Hay gente que compra un libro de memorias de una persona por el morbo de ver a quien pone como hoja de perejil. Si la cosa va de amantes y camas, se venderá como rosquillas.

    La memoria, es selectiva. Las cosas que fueron agradables, se recuerdan mucho mejor que las que no lo fueron. Sin embargo, hay cosas que por lo trascendentes en tu vida, están presentes como foto fija, para bien o para mal.

    En muchas ocasiones, se escriben unas memorias por autobombo. Se pone en ellas lo maravilloso que has sido en tu paso por el mundo. Nada escabroso aparece.

    Las “memorias no autorizadas”, suelen ser más veraces; pero con matices, pueden haberlas hecho para denigrarte, a mala fe. Los rumores, contienen poco de verdad. Me viene a la cabeza ese juego donde hay varias personas en corro, una de ellas le cuenta a la que está al lado una cosa al oído que esta a su vez cuenta a la siguiente y así sucesivamente; cuando llega a la persona que enunció la frase, nada tiene que ver con lo que dijo. Si quieres que una cosa sea un secreto tuyo, no se lo cuentes a nadie, ni a tu mejor amigo. Si un día el “amigo” deja de serlo, puede llegar a ser de conocimiento público; distorsionado, claro.

    Allá por finales de los 90, tomaba parte en un programa de radio que se emitía los sábados por la mañana, confesé en las ondas mi alcoholismo; a la madre de mis hijos le sentó como un tiro. Esa fase de mi vida, fue superada. Pero hay momentos de mi vida que al darme tantísima vergüenza, no los he confesado ni a mi mejor amigo; el alcohol juega malas pasadas. Por supuesto que no pondría en unas memorias.

    Si escribiese mis memorias y escribiera todo lo de mi vida, más de uno se daría cuenta de lo imbécil que soy. Para hacer ciertas cosas, hay que ser muy tonto. Para relatar los primeros años de tu vida, mejor esperar a tener el mal de Alzheimer que te salen solas.

    Se dice de los borrachos que pierden la vergüenza pero no el conocimiento. La persona ebria, suelta verdades como puños; sin reparar en las consecuencias. Pero a su vez la persona que está enganchada al alcohol, es una gran mentirosa; y su mentiras además, de lo bien estructuradas que están, suelen colar casi siempre. Una cosa es el momento en que estás embriagado y otra cuando has “recobrado” la conciencia.

    De todos modos, las personas que llevan leyendo lo que escribo en las redes desde que empecé, saben todo lo que de mi podría escribir en unas memorias.

     

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