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Antonio Rodríguez Rubio

Soy un converso del azul al rojo; que a decir de muchos, somos los peores. Y así, soy rojo, muy rojo: Republicano-federalista. ...

Sobre este blog de Sociedad

No me busques junto a los poderosos que no me hallarás.


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  • 08
    Junio
    2015

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    SOCIEDAD Murcia

    EL TOQUE MAESTRO.

    EL TOQUE MAESTRO.

    Podemos manejar la técnica con suma perfección, pero para que algo raye en lo grandioso, se necesita el toque maestro; lo que convierte a una buena obra en arte. Y eso, es de lo que adolecemos la inmensa mayoría.

    Una de las pocas veces que he estado en Águilas (Murcia) y paseando por el espigón del puerto, miré hacia el castillo y me dije: ¡Esta es la foto! Como por aquellos tiempos siempre llevaba la cámara a cuestas, hice la foto. La foto la envié al Concurso Fotográfico de Águilas (que tiene mucho prestigio). Las deliberaciones del jurado eran públicas y el día del fallo me presenté allí; al entrar, veo a uno de los organizadores con una camiseta que llevaba “la foto”, la diferencia con la mía es que esta estaba en vertical. Esa foto, había ganado el certamen el año anterior. No es que fuera desencaminado, es que otro lo vio antes. Fuimos coincidentes.

    Ahora, hay mucho Photoshop.

    Antes, para que una foto mereciera la portada de una revista, se hacían varios carretes a la modelo. Así a montón, se diferencian poco las unas de las otras, pero hay una que al mirarla te dices: “Esta es la foto”. Es como si un potente imán tirara de ti hacia ella. Pero cuando se trata de retratar a personas, ya no es solo el fotógrafo el que ha de poner todo su empeño en que salga bien; la modelo o el modelo, han de poner de su parte. Hubo una vez que trabaje con visagista y facilitó el trabajo. En cinco años de profesión, llegué a tener buenos/as modelos. Generalmente, he trabajado con Pentax. Tuve una Zenza Bronica de medio formato (la mejor, era la alemana Hasselblad; con precio prohibitivo, claro). Tengo una Linhof de medio formato que es una pieza de museo; negativo de 6x9 centímetros.

    Un día se me presenta en el estudio una chica acompañada de su madre; quería una foto de medio cuerpo de “esas que parece que no llevan nada puesto”. Les dije: “Esas fotos que parece que no llevan nada puesto, es que no llevan nada puesto. Luego el fotógrafo ‘recorta’ para que no aparezca más de la cuenta”. Hice la foto como pude. En otra ocasión que ocurrió lo mismo, antes de que terminara de hablar, ya tenía la chica el torso desnudo.

    La obra más importante de René Descartes (1596-1650), es: “El discurso del método”, en ella rompe con la escolástica de su tiempo. Hay personas que sin haber leído a Descartes aplican las mismas normas. Pero si leen “El discurso del método”, tendrán la herramienta para darle ese toque que hace que sea su propio discurso más contundente; el ordenamiento de la idea. “Cogito ergo sum”; dijo Descartes. La traducción: “Pienso luego existo”, no es la que él quería transmitir; la fetén sería: “Pienso, luego soy” o “Pienso porque soy”. Sencillamente, somos.

    Lo que han hecho los grandes filósofos de todos los tiempos ha sido plasmar de forma sublime unas ideas. No es que no haya personas de grandes ideas, es que le faltan los conocimientos necesarios para plasmarlas de forma efectiva. Lo que han hecho los grandes filósofos, ha sido una obra maestra; los tenemos como maestros.

    La filosofía popular, no es menos importante. Solo que le falta el toque maestro. La filosofía popular, se transmite en buena medida a través de dichos y refranes. “Confía en Allah pero ata a tu camello” y, este es un gran discurso en una mínima frase.

    Para parecer que se está desnudo, hay que estar desnudo. Desnudo de cuerpo o desnudo de mente. Lo que pasa es que hay demasiados puritanos; no gustan de los desnudos. El papa Pío V (1504-1572), mandó cubrir los desnudos de El Vaticano.

    Nacemos desnudos.

    Nacemos desnudos y al poco de nacer nos cubren. Si el humano es la obra cumbre de la naturaleza, mostrase desnudo, es la prueba de esa humanidad.

    Un fotógrafo amigo me dijo que cuando fuese a retratar a una persona desnuda, que se firmara un documento por el cual quedara claro que esa persona consentía en ello. Porque la sociedad cree que el desnudo es pecaminoso.

    Si la sociedad no considera la desnudez del cuerpo como algo natural, menos aún la desnudez de la mente. Mostrar nuestras ideas, nos puede llevar a sentirnos desnudos. Para que nuestras ideas lleguen a ser algo digno de encomio, démosles un toque maestro de los grandes filósofos.

     

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