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Antonio Rodríguez Rubio

Soy un converso del azul al rojo; que a decir de muchos, somos los peores. Y así, soy rojo, muy rojo: Republicano-federalista. ...

Sobre este blog de Sociedad

No me busques junto a los poderosos que no me hallarás.


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  • 26
    Marzo
    2015

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    SOCIEDAD Murcia

    EL PODER.

    EL PODER.

    Cuando estuve en la mili, fui un simple cabo rojo; el mando más bajo del escalafón militar. Pero les puedo asegurar que era más respetado que algunos sargentos. Hubo oficiales que se regocijaban viendo como mandaba a la compañía. Pero antes de ir a la mili, era un chico tímido y retraído. Lo que pasa es que en el ejército, contaba con el respaldo del estamento militar; me licencié con un diploma de honor. Esto me sirvió para tener una cierta autoestima en mi vida posterior.

    Conocí a un fulano que se hizo oficial de la Guardia Civil para poder putear a los que estuvieran bajo su mando; si le quitabas el uniforme, era un don nadie.

    En la vida política, se da el cainismo por conseguir el poder; desde la pequeña agrupación local a las cúpulas oligárquicas. Entre otras cosas, les gusta chupar cámara, que los reconozcan por la calle. Si son capaces de que les llenen un auditorio, llegan al orgasmo. Por estar en el “candelabro”, consiguen beneficios y prebendas. Les suele ir el nepotismo. Si de paso consiguen un puesto de trabajo “bien remunerado” en la empresa privada, miel sobre hojuelas. Por eso se afanan en “beneficiar” a aquellos que los pueden beneficiar después de la vida política e incluso mientras están en ella. No les importa cometer tropelías porque saben que los respalda el estamento socio-jurídico. Si no consiguen un puesto bien remunerado en la empresa privada, son un don nadie y hasta les pueden escupir a la cara. Pero…

    No todos son así.

    Pongamos a Gerardo Iglesias que volvió a la mina.

    Los hay que buscan el poder para el beneficio de los más en detrimento de los menos. Son los que van a servir y no a ser servidos. Son los que abominan de las puertas giratorias. Son las personas decentes que van a la política.

    No creo que muchos de los que están en la vida sociopolítica sean tontos de remate y no se den cuenta del daño tan grande que están haciendo al pueblo llano; puede ser que su grado de perversión sea tan grande como el daño que hacen. Responden bien a la voz de su amo. Son rottweiler al servicio de los plutócratas. Hay otros que dejan las cosas estar y son tan culpables como los que obran mal; los hay que pecan por omisión. Si tienen conocimiento de que en su entorno se está obrando mal, su deber, es denunciarlo; sin embargo, el que denuncia es el malo. El mundo al revés.

    No se hace el ridículo, se siente el ridículo. Porque cada uno es cada cual. Porque es más importante como nos venos nosotros que el cómo nos ven los demás. Muchas veces nos vemos como nos gustaría que nos vieran. Egos incontrolados. Si nos ven por la calle y nos estrechan la mano, nos creemos los reyes del mambo; posiblemente se trate de un adulador de los muchos que hay, quizá busque algo.

    ¿Cómo viendo la corrupción generalizada e institucionalizada se sigue votando a estas personas? Sencillamente porque si el votante estuviera en el lugar del votado, haría lo mismo. Hasta podría darse cierta envidia malsana. Viendo lo bien que viven los corruptos, no nos importaría serlo.

    Como son tantos los que querrían perpetuarse en el poder, propician este anacronismo que es la monarquía.

     

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