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Antonio Rodríguez Rubio

Soy un converso del azul al rojo; que a decir de muchos, somos los peores. Y así, soy rojo, muy rojo: Republicano-federalista. ...

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No me busques junto a los poderosos que no me hallarás.


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  • 30
    Junio
    2015

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    SOCIEDAD Murcia

    EL MINUSVÁLIDO.

    EL MINUSVÁLIDO.

    (Disminuidos físicos o síquicos).

    A día de hoy, que en una familia haya una criatura con alguna discapacidad, imbuidos por lo que se escucha en los púlpitos, sigue siendo un castigo divino. De esta manera, estas criaturas eran escondidas e incluso amarradas; eran la evidencia del pecado. Muchos padres se preguntan: ¿por qué ha tenido que sucederme esto a mí?

    No se sabe si por daño en el parto o por la poliomielitis, mi padre tuvo el brazo derecho inútil que detectaron cuando empezó a gatear y no apoyaba este brazo, mis abuelos lo llevaron a Lorca y allí les dijeron que con las corrientes se podría recuperar; esa primera fue la única vez que fueron al médico. Era 1922. Mis abuelos se volcaron en el hijo sano; el “inútil” se quedó como cosa perdida.

    Con sus discapacidades, siguen siendo personas. Personas que merecen nuestro respeto y consideración. Como toda persona.

    Lo que ocurre como norma general, es que la familia se vuelque con el diferente y toda ella gire alrededor de él. Suele darse el caso de que los “sanos” sean los desplazados; cosa esta que no les hace ningún bien ya que se sentirán sirvientes del “raro” y minusvalorados.

    Por exceso o defecto, los discapacitados son tratados de manera diferente. De todos modos, el diferente es especial. Estoy pensando principalmente en los autistas y los que tienen el síndrome de Down.

    La Ley de Dependencia no debió hacerse bien. La prueba está en la manera con que ha sido aplicada y que en muchos casos sangrantes no se dispense a las personas dependientes el cuidado necesario. Por muy bien que quede una ley en el papel, si no lleva aparejada la correspondiente y suficiente partida presupuestaria, será papel mojado.

    Como decíamos más arriba, los discapacitados deben ser tratados igual que los que no lo son; ni mejor ni peor. Será uno más de la familia o la sociedad.

    En muchas ocasiones sin que ello sea preciso, estas personas son internadas en instituciones creadas expresamente para ello. Es la manera moderna de lo que se dio en otro tiempo; encerrados y hasta amarrados. Con el eufemístico nombre de: “Residencia de ancianos”, metemos a nuestros mayores en asilos, a los discapacitados, también. Si el anciano es el sostén económico de la familia, se queda en casa; pero en un rincón donde no estorbe mucho. Veo en la novela de Elvira Lindo “Manolito gafotas” una crítica social bastante dura. Harper Lee en “Matar a un ruiseñor”, aborda el asunto del “diferente” con suma dulzura. La realidad de otro tiempo (y repetida en la actualidad), la hace Miguel Delibes con el Azarías en “Los santos inocentes”.

    De vez en cuando salta a los medios la noticia de que a un grupo de discapacitados se les niega la entrada en un hotel o restaurante. Con esto se quiebra un derecho constitucional. Es que con las presencia de estas personas, se puede espantar la clientela; solo falta que pongan un cartel similar al que prohíbe la entrada de perros. Lo de esconderlos, sigue estando vigente; ahora, pensando en el dinero.

    La sociedad sigue siendo tan hipócrita como lo ha sido siempre.

     

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