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Antonio Rodríguez Rubio

Soy un converso del azul al rojo; que a decir de muchos, somos los peores. Y así, soy rojo, muy rojo: Republicano-federalista. ...

Sobre este blog de Sociedad

No me busques junto a los poderosos que no me hallarás.


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  • 05
    Enero
    2015

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    EL ALCALDE, EL CURA, EL JUEZ DE PAZ Y EL CABO.

     

    EL ALCALDE, EL CURA, EL JUEZ DE PAZ Y EL CABO.
    No había festejo en mi pueblo que no contara con las más altas jerarquías locales. Lo cierto y verdad es que el cura don Manuel Guzmán Iniesta, no era amigo de comidas y comilonas; era monaguillo y en más de una ocasión me mandó a que le dijera al alcalde, que no iba.
    Veo la foto del ministro del OPUS y la presidenta de Navarra con sendas palas, testigos un guardia civil de alto rango y un arzobispo; y me siento teletransportado a otros tiempos. Ignoro si alguno de los presentes era juez.
    En los primeros 40, temíamos en Librilla como cura a Antonio Riquelme, del que las malas lenguas decían: “Primero las folla y luego las mete a monja”. El alcalde, era homosexual. La camarilla la completaba el secretario del Ayuntamiento y un par de vecinos más. Los mejores corderos y los mejores pavos, eran para ellos; haciendo de tripas corazón, los ganaderos entregaban de “buena gana” las viandas. Eran también tiempos de purgas y mujeres rapadas al cero. Tiempos de estraperlo. Pues ocurrió que mandaron a Murcia como gobernador a un falangista de los auténticos que se enteró de lo que estos sinvergüenzas estaban haciendo en Librilla, mandó llamar al secretario y los otros dos vecinos y al entrar en el despacho se encontraron entre gente de armas y tres tazones con sopas en aceite de ricino, tuvieron que comerse las sopas. Los tres vecinos argumentaban que en Librilla eran ellos los que hacían las purgas. El secretario fue espabilado y nada más salir se metió los dedos en la boca y vomitó, los otros dos murieron cagando. Con el cura y el alcalde, no se metió aunque se quedó con las ganas. El cura salió una madrugada del pueblo en el único taxi que había que si amanece en Librilla, las gentes lo linchan. En la casa-cuartel de la Guardia Civil, daban unas palizas increíbles, utilizaban con saña los cintos. A mediado de los 50 le dieron una paliza a mi tío Antonio y, a la mañana siguiente mi abuela Gertrudis le dio dos hostias al cabo en la puerta de la casa-cuartel.
    Los neofranquistas no han condenado ni condenan la dictadura. Para ellos fueron días de vino y rosas.
    En cada pueblo de España levantaron monumentos con cruces en memoria de sus muertos, los muertos de los vencidos, siguen en cunetas y fosas comunes. Las Resoluciones de la ONU y otros organismos internacionales, se la traen al pairo.
    Desafectos.
    Los que dan título a este escrito, tenían que dar fe de que la persona solicitante de un pasaporte no era desafecta al régimen, si lo fuera, no podía emigrar para ganar un mendrugo.
    Los obispos, cantaban brazo el alto el caralsol. El dictador entraba en las catedrales bajo palio. Santa cruzada nacional-católica. Al ministro del OPUS le falta eso, entrar bajo palio en el Ministerio o en cualquier catedral que se precie.
    No sé, estoy perdido, ¿esto es democracia?
    Se me antoja que democracia es otra cosa.
    Con la nueva ley mordaza, queda establecida la brigada político-social; aunque de facto existe, solo falta crear de manera oficial el tribunal de orden público. Se va a prohibir la blasfemia y la mendicidad, esta última ya vigente en muchas ciudades. En muchos pueblos de España todavía está el monumento a los caídos y el yugo y las flechas, en estos, no hay que ponerlo, en el resto, sí.
    Me gusta repasar la historia para conocer las cosas que no hay que repetir (aunque hay otras que son repetibles), pero la historia que se está repitiendo es la más nefasta de los últimos tiempos. Nunca aventuré que mis últimos años iban a ser tan adversos.

     

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