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Antonio Rodríguez Rubio

Soy un converso del azul al rojo; que a decir de muchos, somos los peores. Y así, soy rojo, muy rojo: Republicano-federalista. ...

Sobre este blog de Sociedad

No me busques junto a los poderosos que no me hallarás.


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  • 04
    Febrero
    2015

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    SOCIEDAD Murcia

    DESHUMANIZADOS.

    Aparte de otras funciones, era el conductor de la ambulancia de mi pueblo. Una noche tuve que llevar a una persona a urgencias del Hospital Universitario “Virgen de la Arrixaca”. Yendo por Alcantarilla, estaba viendo las luces de un coche por los retrovisores que de pronto se apagaron. Al poco de llegar a urgencias, llegó un vehículo pitando a modo de urgencia. Ayudé a un celador a sacar a la persona que traían; era una chica joven. Los dos introducimos a la chica en la zona de la “camas” y el celador gritaba: “¡Un médico, un médico!”. A la chica se le descubrió el pecho para las maniobras de reanimación: fallecida. El celador y yo nos miramos desconcertados. Le pregunté después si no estaba ya acostumbrado a estas cosas: “No. El día que me acostumbre dejaré de ser persona”. Es que el vehículo que veía por los retrovisores, fue el que atropelló a la muchacha.

    De todos modos, los médicos no pueden llevarse “trabajo a casa”; terminarían locos. La primera vez que a un cirujano se le muera un paciente en la mesa de operaciones, debe ser traumático, terrible. Como es natural, se le han de morir otros después: “Hora del fallecimiento, las…”. No me extraña que sean tan parcos en palabras al dar la noticia a la familia. Seguro que cuando todo ha salido muy bien, se alegran tanto como los familiares.

    Hay médicos que tienen el complejo de dios. Algunas veces, es para tenerlo.

    La familia del paciente ante la noticia de que todo ha salido bien, exclama: “Gracias a Dios”. No ha sido gracias a Dios, ha sido gracias al médico y su equipo.

    Desgraciadamente, he tenido que necesitar a los neurólogos de la “Arrixaca” y en varias ocasiones para mis familiares directos; todavía los estoy necesitando. No he encontrado ni a uno solo que no sea empático. Un amigo médico me dijo en una ocasión: “La especialidad de neurología es de las más duras, se necesita mucha vocación; no hay ninguno malo”. Un neurocirujano, es dios.

    Tampoco los cardiocirujanos están mancos.

    El equipo de trasplantes, es multidisciplinar. Manos que de una vida que acaba son capaces de sacar vida nueva.

    La de médico, es una hermosa profesión. La de enfermería, también.

    Aunque no de mucha consideración, llevo varias operaciones en mi cuerpo. La gente que me veía pasar no se creía que iba al quirófano. Es que tengo mucha confianza en los médicos. La residente de quinto año que me realizó el cateterismo hace casi tres años, era un amor; ¡qué criatura! Cuando entré en la sala, dije: “Hostias, la NASA”.

    Las personas encargadas de las unidades del dolor, son los anestesistas. También son los encargados de ayudar a bien morir.

    Cuando se establece la rutina, es cuando se habla de:

    LA DESHUMANIZACIÓN DE LA MEDICINA.

    Pero inhumanos, son los políticos que deciden sobre la vida y la muerte. Cuando no se ponen al alcance de los médicos los medios técnicos para llevar a buen puerto su quehacer, hay personas que mueren. Si nuestra sanidad pública sigue funcionando, es gracias a los magníficos profesionales que tenemos.

     

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