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Antonio Rodríguez Rubio

Soy un converso del azul al rojo; que a decir de muchos, somos los peores. Y así, soy rojo, muy rojo: Republicano-federalista. ...

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No me busques junto a los poderosos que no me hallarás.


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  • 14
    Septiembre
    2014

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    COMER DEL MISMO PLATO.

     

     

    COMER DEL MISMO PLATO.
    Hasta no hace tantos años, era costumbre de esta tierra comer todos del mismo plato, una fuente puesta en el centro de la mesa; excepto los niños que comían aparte cada uno en su plato y sentados en el margual si no se disponía de otra mesa.
    En cierta ocasión, invitaron a comer a mi bisabuelo Domingo que fue el padre de mi abuela materna. Por su parte de la fuente, salió un trozo de calabaza que a mi bisabuelo no le gustaba, por prudencia, se lo comió. Cuando los otros comensales vieron que se comía la calabaza, le preguntaron que si le gustaba; dado que se lo acababa de comer, dijo que sí. Todos los trozos de calabaza que había en la fuente, fueron a parar al lado de Domingo; él se comió sin gustarle toda la calabaza del guiso. Algunas veces, más que prudentes, somos tontos.
    “El que no llora no mama”; que reza el dicho.
    La mayoría de las patrias chicas españolas, más que madres, son madrastras; obligan a sus hijos a marcharse de casa. En esas patrias chicas, se les niega el pan y la sal. Con el petate al hombro, enfilan las de Villadiego en busca de una vida mejor. Los zapatos, son de esparto (esparteñas); hasta que no se soban, hacen heridas en los pies.
    La patria grande, no es mejor que la chica; hacer las américas, fue uno de los recursos de antaño.
    Cuando los romanos fundaron Cáceres, hacía cien años que estaban en Tarragona. Tarraco, fue la capital de la provincia hasta el final del dominio Romano: la Tarraconensis. Cartagena (Carthago-Nova) que es anterior, como fue de dominación cartaginesa, perdida ante Roma, pasó a segundo término. Cantabria fue la última de las regiones en caer bajo el dominio romano y engrosó la Tarraconensis. Queramos o no, somos latinos; la impronta dejada por Roma, es la que nos ha quedado.
    Si bien Juana de Castilla hereda también el reino de Aragón, el artífice de la “unidad” de España, es el emperador Carlos. Sin embargo, bajo la monarquía de la casa de Austria, los reinos españoles conservaron sus fueros. El rey de España, era primus inter pares. Pongamos un ejemplo:
    La vara castellana, mide 46 centímetros; la vara valenciana, 50 centímetros. El quintal castellano, tiene 46 kilos, cuatro arrobas y ocho celemines; el quintal valenciano, tiene 50 kilos, cuatro arrobas y ocho celemines.
    En cada reino de España, las pesas y medidas, eran distintas.
    Durante la Edad Media, los puertos naturales de los productos de las Castillas, fueron los catalanes; allí se iniciaba el comercio hacia el Mediterráneo. Como es natural, esto creaba riqueza y tempranamente esta región adquirió pujanza. Con el descubrimiento y conquista de América, el puerto designado como monopolio del comercio de las Indias, fue Sevilla; después pasó a Cádiz. Bilbao monopolizaba el comercio de Castilla con los países atlánticos, sobre todo, a Flandes. Felipe VI liberalizó los puertos y buena parte del tráfico marítimo fue a parar a Santander; la liberación, se debió principalmente a que el puerto de Bilbao estaba exento de impuestos a la corona, abriendo más el de Santander, se beneficiaba la corona. La cornisa cantábrica, también fue tierra de emigrantes. A Vasconia, la salvó la metalurgia.
    Hemos de recordar que el reino de Aragón incluía a Cerdeña, Sicilia, Nápoles y el ducado de Saboya. Antes de ser rey de España, Carlos III lo fue de Nápoles. El reino de Aragón, se expandió por el Mediterráneo. Ni que decir tiene que, se tendrían que imponer por las armas. Hemos de recordar que el emperador tuvo prisionero al papa; que se impuso con las armas a media Europa.
    En las Guerras de Sucesión, se enfrentaron Austria y Francia; Francia impuso a España a Felipe de Borbón, duque de Anjou que era nieto de Luis XIV. Para que no se desmadrara, le endosaron a Marie-Anne de La Trémoille, princesa de los Ursinos; solo que la segunda esposa de Felipe V Isabel de Farnesio, la puso en su lugar, esto es, en la cara norte de los Pirineos. De todos modos, Felipe V impuso en España la monarquía absoluta y el centralismo.
    La historia, es esa.
    Como murciano, estoy harto de comer calabaza. Otros pueblos de España, también lo están.
    Desde la I República Española en que el tío Antonete Gálvez plantó cara al poder central, no ha habido murciano que lo haga. Aquí estamos, comiendo calabaza.
    “El que calla otorga”; reza el dicho. “El que calla jode y apaña”; decía mi abuela María Agustina.
    Estoy de acuerdo en que Cataluña sea independiente, si por mi fuera, ya lo era. Pero la frontera, sería como el muro que separa a Cisjordania. Se exigiría visado a los catalanes para entrar en España, de libre comercio, ¡ni flores! Los productos de Panrrico, que se los coman en Santa Perpetua de Mogoda… El cava, de Extremadura.

     

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