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Antonio Rodríguez Rubio

Soy un converso del azul al rojo; que a decir de muchos, somos los peores. Y así, soy rojo, muy rojo: Republicano-federalista. ...

Sobre este blog de Sociedad

No me busques junto a los poderosos que no me hallarás.


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  • 05
    Enero
    2012

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    ADIÓS, IDEOLOGÍA, ADIÓS.

    Cuando desde la base ya sea sindical o política pones la cara, lo más probable es que te la rompan. Partimos como es natural de la premisa de la honestidad, claro. Si se está en el sindicalismo o en la política con la vista puesta en medrar y alcanzar puestos relevantes, los más probable es que esa persona y llegado el caso, sea el que le parta la cara al compañero. Últimamente se carece de dirigentes incontestables. Es por esto que se organicen familias y alrededor de estas oligarquías se arremolinen los que pretenden pillar cacho.
    Cuando la Secretaría General de Comisiones Obreras se disputó entre Agustín Moreno y José María Fidalgo, ganó el segundo. Moreno obtuvo del 37 % de los votos y Fidalgo lo castigó a que dentro de la sede sindical no tuviera un mínimo despacho. Ya sabemos a la perfección quien es Fidalgo.
    Si en lugar de posicionamientos individualistas primara por encima de todo la ideología y lo mejor para la organización, el que perdiera en justa lid, daría su apoyo al ganador. El que ganara, consideraría al perdedor un activo importante y lo tendrá cercano. No se da el caso; más que contrincantes, son enemigos irreconciliables.
    De todas estas refriegas, al estar hablando de organizaciones sindicales o políticas, el único que pierde es el pueblo otrora soberano. Lo suyo sería que primara el bien común.
    Si consultáramos esto a un buen sociólogo, nos diría que la competitividad dentro del grupo puede ser buena a corto plazo, pero de llevarse más allá; terminará por deshacerlo. Eso si no te llamas Rosa Díez y te vas a montar una organización a tu imagen y semejanza.
    Cuando el sistema democrático se pervierte, nace la oligarquía.
    La máxima del despotismo ilustrado era: “Todo para el pueblo pero sin el pueblo”. Sin embargo, no es extrapolable, estos, no son ilustrados. El Presidente del Gobierno del Reino de España, dice tener como libro favorito: “Los pilares de la tierra”. Napoleón Bonaparte y Winston Churchill, tuvieron como libro de cabecera: “El Príncipe”, de Nicolás Maquiavelo.
    Cuando no hace mucho José Luís Rodríguez Zapatero citó a don Manuel Azaña Díaz, personalmente recibí una patada en salva sea la parte; ¡no más ni menos que Azaña! El Presidente Azaña fue un hombre de Estado. Estas comparaciones, son odiosas.
    En las direcciones de las organizaciones sindicales y políticas, lo que prima es la zancadilla y el navajazo. Por otro lado, cosa esta que no es nueva; segar la hierba bajo los pies del que manda, se ha dado siempre.          
    Las cúpulas de las organizaciones sindicales y políticas, están organizadas de forma oligárquica y son impenetrables. Las personas de gran valía que hay en toda organización, al ser esta impenetrable, se pierden en puestos de tercera fila o se pierden del todo. Una voz discordante, es silenciada de inmediato por el aparato oligárquico. Una vez se ha abandonado la línea fundacional, en la práctica, es irrecuperable.
    La conveniencia ha desplazado a la ideología. Los ideólogos en las organizaciones sindicales y políticas, ha sido sustituidos por equipos multidisciplinares expertos en mercadotecnia. Una vez despojada la organización de su ideología fundacional, lo que queda es un grupo de personas que luchan entre sí por alcanzar el mejor puesto.
     

     

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