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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine, música y series. El cine es el primer arte, nunca el séptimo.

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 21
    Enero
    2015

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    Cine Murcia Whiplash Simmons

    'Whiplash' - Baquetas ensangrentadas

     

    'Whiplash'  -  Baquetas ensangrentadas

     

    Sudor, sangre y lágrimas. Tres elementos, tres palabras, tres sustancias que se pueden atribuir a tantos momentos, tantas reacciones y que, sin embargo, casi siempre asociamos con una, el esfuerzo. Todo se incrementa hasta el infinito si establecemos una conexión con la búsqueda de la perfección, el largo y sinuoso camino que separa lo aceptable de lo sublime, lo correcto de lo inolvidable, lo sencillo de lo complejo, lo diminuto de lo gigante. Muchos hablan de 'Whiplash', el segundo largometraje del músico y cineasta Damien Chazelle, como la película pequeña que ha ido creciendo hasta consolidarse, luchando contra factores tan negativos como el paso del tiempo, en una de las más gratas sorpresas de la temporada. Sin embargo, la sensación que queda tras su visionado, ese movimiento de pie incesante, esa tensión acumulada, ese nervio implacable, ese subidón de adrenalina, nos señala que estamos ante otra cosa. Una película grande que, como la mayoría de trabajos sobresalientes, alcanza su lugar a base de puro y duro talento.

     

    Desde el primer golpe de batería hasta su soberbio clímax, 'Whiplash' te atrapa sin ceder ni un solo segundo descanso, planteando cuestiones morales y éticas sobre la dureza como método de enseñanza efectivo para sacar el genio que uno lleve dentro, siempre que exista, mientras convierte su mecanismo dramático en una trepidante historia de superación, frustración y dolor. Sensaciones que se muestran en la pantalla con una contundencia que se clava en los huesos, que estruja los músculos, que nos mantiene al borde de la taquicardia. Vivimos, comprendemos y desarrollamos la personalidad de su protagonista, Andrew Neiman, interpretado con cautivadora entrega por el joven Miles Teller, mientras se enfrenta a un profesor implacable, Terence Fletcher. Y conviene hacer un paréntesis aquí para recalcar el trabajo de J.K. Simmons. Cada vez que aparece en pantalla se hace el silencio, se palpa la tensión, se puede cortar esa mezcla de miedo y respeto, esa autoridad mezclada con algo de locura. Sons sus gestos, sus miradas, sus gritos, sus movimientos, los que dan forma a una interpretación inolvidable, una creación que quita la respiración. 

     

    No podemos olvidar tampoco al gran culpable de este logro, el propio Chazelle, que pese a entregar un guión al que le sobran algunas subtramas, especialmente la romántica, suple esos baches a base de ritmo frenético, dirección brillante y, especialmente, un montaje que roza la perfección. En definitiva, 'Whiplash' se corona como una de las grandes películas musicales de los últimos años, una propuesta que lleva al exceso del genio todos sus matices, que convierte su punto de partida en una mecha en constante explosión. Una apisonadora que te pasa por encima y te deja tumbado sobre la lona, exhausto, temblando de pura emoción. Es más que un buen trabajo. Es toda una experiencia. Y merece la pena coger las baquetas ensangrentadas y vivirla intensamente. Aunque duela. 

     

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