Blog 
Pantalla Grande
RSS - Blog de Alberto Frutos Díaz

El autor

Blog Pantalla Grande - Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine, música y series. El cine es el primer arte, nunca el séptimo.

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


Archivo

  • 31
    Mayo
    2015

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Cine Murcia

    'Tomorrowland: El mundo del mañana' - Cosas de la edad

    'Tomorrowland: El mundo del mañana'  -  Cosas de la edad

     

    Reza el refrán que lo que bien empieza, bien acaba pero, por desgracia, todos sabemos que no siempre ocurre así. Y, en el cine, menos. Es sencillo tirar de metáfora y paralelismo y explicar el error de la última propuesta Disney: 'Tomorrowland'. Nos hacemos mayores. Tal cual. La iusión y la ingenuidad, el entusiasmo desmedido ante el descubrimiento, la efusividad compartida, el optimismo incansable, se puede aguantar con el paso de los años pero, tarde o temprano, encontramos la balanza, descubrimos la gama de grises y no nos permitimos descansar sobre los hombros de los sueños todas nuestras aspiraciones. Sucede, básicamente, cuando nos explican realmente de que va esto. La película de Brad Bird, director responsable de dos obras maestras del tamaño de 'Los Increíbles' y 'Ratatouille' y de la mejor entrega de la saga 'Misión Imposible', aprueba con notable alto la primera parte y suspende, por desgracia, a la hora de entregar la traca final. Por volver a usar ejemplos similares, diremos que Bird triunfa encendiendo la mecha, manteniendo el misterio, la fantasía y la diversión hasta que llega el momento de los fuegos artificiales y nos entrega un panfleto a favor del positivismo antes que una montaña rusa en condiciones. Es una opción respetable y, cuidado, las culpas son más que compartidas con el guionista Damon Lindelof (sí, 'Perdidos'), pero no deja de ser una pena que el niño que observó con emoción los primeros momentos de esta aventura termine abandonando la sala con sensación agridulce. 

     

    Porque la primera mitad de 'Tomorrowland' es una sucesión imparable de ideas geniales e imágenes con un potencial imaginativo tan imprevisible como logrado, un parque de atracciones con una energía medida al milímetro que, partiendo de un estupendo prólogo, consigue mantener la atención del espectador a base de entretenimiento de primera calidad. Redondeada con las encantadoras interpretaciones de Britt Robertson, George Clooney y Raffey Cassidy, nos encontramos ante un blockbuster diferente, de arrebatador aroma Disney y ejemplar acabado visual, guiado por una banda sonora a la altura de un Michael Giacchino que continúa presentado credenciales para ser uno de los mejores compositores de la última década, y con un ritmo narrativo que, a través de saltos temporales, consigue dar forma a una historia que avanza sin descanso hasta que, llegada la hora de la verdad, pisa el freno. Y a lo grande. Llega la hora de dar explicaciones y Lindelof y Bird parecen estancarse en una pausa eterna, un paréntesis del que la película no solamente no se recupera sino al que termina sucumbiendo. Parece inexplicable y, en el fondo, lo es. Primero, porque la película tampoco necesitaba un desenlace tan enrevesado y, al mismo tiempo, simplón. La idea en la que se basa la historia, es decir, el poder de los sueños, la necesidad de personas con imaginación que apuesten más por finales felices que por el apocalípsis más destructivo, parece una teoría científica repleta de tecnicismos y aburridos monólogos de unos personajes que, hasta ese momento, parecían estar pasándoselo tan bien como nosotros. 

     

    Un desliz importante que, apuntillado por un epílogo coherente sobre el papel pero azucarado hasta el extremo en pantalla, termina por instalar la sensación de trabajo fallido a todo el conjunto. Algo injusto pero inevitable. Lo que podría haber sido un trabajo impecable en el fondo y la forma termina convertido en una aventura Disney de toda la vida en la que la imaginación termina sepultada por el ansia de contentar a un público más adulto sin entender que, hasta ese momento, su mayor logro había sido, precisamente, recuperar al niño que todos llevamos dentro. Una película que se dirigía con imponente fuerza hasta el sobresaliente y que recibe el gol de la remontada en el último segundo, cuando los aplausos ya se estaban rozando con los dedos. No, no todo lo que bien empieza, bien acaba. Pero si que podemos quedarnos con aquellos instantes en los que, 'Tomorrowland', nos robó el corazón y nos permitió, una vez más, dar saltos de alegría sin pensar en las cosas de la edad. Ya tendremos tiempo de hacernos mayores. 

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook