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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine, música y series. El cine es el primer arte, nunca el séptimo.

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 18
    Octubre
    2015

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    Cine Murcia

    'La cumbre escarlata' - Ver y contar

    'La cumbre escarlata'  -  Ver y contar

     

    Ya no se escriben cartas. Hemos perdido la tradición de rellenar una hoja en blanco con palabras, sustituyendo los sobres por mails y los sellos por emoticonos. Es cuestión de evolución, de modernizarse, de abrazar las nuevas tecnologías. Pero aún quedan valientes románticos que se niegan a perder la costumbre, que continúan dejándose las manos en tinta. Artesanos de las costumbres, del encanto que se encuentra en las esquinas de lo clásico, de lo de siempre, del ayer. En el mundo del cine, arte obsesionado por todo lo que rime con el verbo innovar, existen una serie de cineastas que siguen defendiendo una manera diferente de contar historias, convertidos en una especie de cuentacuentos que, de igual forma, intentan traspasar la pantalla a través de elementos tangibles, consiguiendo que el espectador observe lo que le rodea a los personajes como si fuera una pieza más en el tablero. Guillermo del Toro, uno de esos directores de personalidad marcadísima, autores en fondo y forma, elevó a magistral este modelo en su obra cumbre, 'El laberinto del Fauno', y regresá a él en su nueva propuesta, 'La cumbre escarlata'.

     

    Sin alcanzar, ni muchísimo menos, los logros de aquella, 'La cumbre escarlata' supone la carta de amor más honesta y sentido a un género, el del drama romántico en terrenos de terror gótico, vista en años. Un cuento tenebroso de amores imposibles y fantasmas de medianoche cuyo problema reside en la distancia existente entre la efectividad de la forma y el fondo. Hay dos películas en 'La cumbre escarlata', la que se ve y la que se cuenta. La primera de ella entra por los ojos con un poder absoluto, cautiva en la impresionante belleza de sus imágenes y detalles, especialmente los de una casa encantada que es, de lejos, lo mejor de la película.  Después, está la película que se cuenta. Y ahí es donde el director no termina de estar especialmente inspirado.

     

    Una historia en todo momento previsible que se permite pocos giros y que decide no arriesgarse demasiado, convirtiéndose en un manual de referentes básicos (Poe, la Hammer o Mary Shelly). Sus personajes, abrazados al estereotipo, apenas cuentan con una presentación digna, dirigidos desde el comienzo a cumplir sus objetivos sin dejar espacio a los matices. Afortunadamente, contar con una actriz como Jessica Chastain es garantía de calidad y es ella la responsable de dar forma a un personaje memorable con los elementos mínimos. Sus compañeros, Mia Wasikowska y Tom Hiddleston, no pueden más que intentar mantener el tipo ante una fuerza dramática del tamaño de Chastain, lográndolo a medias. En cualquier caso, 'La cumbre escarlata' no necesita tanto a sus personajes como a lo que les rodea. Sus pasillos repletos de sorpresas, sus habitaciones desgastadas, sus techos rotos por los que se cuela la nieve y las hojas de otoño, el eco de sus paredes, todo deslumbra en una estancia que es, por encima de un decorado antológico, un universo propio. Las mejores frases de una carta firmada por Guillermo del Toro al género al que siempre ha tratado con respeto, cariño y devoción. Una película que en su interior no esconde grandes méritos pero que te permite entrar en ella, perderte y recordar una manera de contar historias tan inmortal como los fantasmas. 

     

     

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