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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine, música y series. El cine es el primer arte, nunca el séptimo.

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 15
    Junio
    2015

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    Cine Murcia

    'Jurassic World' - Rugidos de nostalgia

    'Jurassic World'  -  Rugidos de nostalgia

     

    La escena nos muestra a un niño corriendo por su habitación de hotel. Su hermano mayor, hipnotizados por su teléfono móvil le pide que descansen un poco antes de ponerse en marcha, pero él no le hace caso y abre de par en par las puertas de la terraza. Entonces, explota la banda sonora inolvidable que John Williams compuso en 1993 y, de nuevo, estamos allí. Isla Nublar. Parque Jurásico. O casi. 'Jurassic World', tras sus miles de anuncios, trailers e imágenes filtradas, despliega su magia sobre nosotros, nos pone la piel de gallina y hace que el niño que un día se asombró hasta el infinito salte sobre su asiento. No es poca recompensa inicial para una película que ha conseguido, usando el paso del tiempo como su mejor arma, que el fanatismo prehistórico que inundó al mundo hace más de veinte años regrese con la misma fuerza, o más, que entonces. Porque esta secuela, superior a sus dos antecesoras, triunfa en aquello que parecía, a priori, más contraproducente, intentar alcanzar la altura de la primera entrega. A través del homenaje, claro.

     

    Al igual que hiciera J.J.Abrams con 'Super 8', Colin Trevorrow, debutante en esto del blockbuster tras la correcta 'Seguridad no garantizada', prefiere tirar de nostalgia y guiñar un ojo a todos aquellos que continúan revisando la obra maestra dirigida por Steven Spielberg, antes que aportar novedades a un universo del que, da la sensación, ya se ha exprimido casi todo. La idea es la que es, y tampoco necesita mayor profundidad. Todo lo que salió mal en el parque ideado por John Hammond, ahora funciona a la perfección y miles y miles de personas difrutan cada día de un espectáculo sin igual. Hasta que se aburren. Es entonces cuando surge la necesidad de crear un dinosaurio más grande, más inteligente, más peligroso. ¿Absurdo? Claro, pero aquí hemos venido al espectáculo, las carreras y los gritos. Y, aunque el prólogo se extienda más de lo deseado, Trevorrow sabe cuando meter la quinta marcha y comenzar la aventura. A partir de ahí, lo esperado, entretenimiento notable, clímax final apabullante y una sensación agradable de autoconciencia. Los responsables de esta entrega aman el universo de 'Jurassic Park' y no escatiman en detalles y escenas que conectan directamente con los fans auténticos de la saga. Es en esos momentos donde 'Jurassic World' se eleva y consigue justificar su existencia más allá del pasatiempo estival para toda la familia.

     

    Sin embargo, no todo es positivo, ni muchísimo menos. Un guión repleto de agujeros, unos protagonistas sin desarrollo ni mayor profundidad que la de ser figuras de acción y unos secundarios que, en no pocas ocasiones, rozan el ridículo. No busquéis el carisma de un Alan Grant, ni la presencia de Ian Malcolm, ni la ternura de Lex y Tim, no la encontraréis. A cambio, tenemos a Chris Pratt y  Bryce Dallas Howard haciendo lo que pueden con unos personajes que, básicamente, gritan, corren y sueltan indirectas. Todo el tiempo. Sin descanso. Pero, no nos engañemos, hemos pagado la entrada para disfrutar de dinosaurios que nos dejen sin habla y escenas de acción trepidantes y vertiginosas. Y las tenemos. En definitiva, 'Jurassic World' funciona mejor como apabullante factoría de memoria colectiva antes que como secuela independiente. El niño que al principio salta de emoción  termina siendo consciente de que ha crecido, quizás, demasiado. Sin embargo, cuando aparecen los títulos de crédito y Michael Giachinno vuelve a arrodillarse ante la partitura de Williams, todo vuelve a su lugar. El tiempo ha pasado, nuestra capacidad de sorpresa ha disminuido pero hay cosas que nunca se pierden. Por ejemplo, la ilusión de recordar la primera vez que vimos a un dinosaurio. A veces, la magia del cine está al alcance de una huella, de un vaso de agua, de un jeep. Y de un niño que abre la terraza para descubrir 'Jurassic World'. Él y todos. 

     

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