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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine, música y series. El cine es el primer arte, nunca el séptimo.

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 21
    Febrero
    2015

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    Cine Murcia

    'El Francotirador' - Camino recto

    'El Francotirador'  -  Camino recto

     

    No corrían buenos tiempos para Clint. Desde aquel 'Gran Torino' de 2008, lejano en la memoria y el tiempo, andábamos echando de menos el mejor estado de forma de uno de los grandes directores de las últimas dos décadas. El último cineasta clásico, responsable de obras maestras del tamaño de 'Million Dollar Baby', 'Sin Perdón' o 'Los puentes de Madison', se encontraba en una racha donde la mediocridad ('Más allá de la vida') se mezclaba con la indiferencia ('Invictus') llegando a su punto más bajo con la reciente 'Jersey Boys'. Eastwood necesitaba una buena historia, un golpe de suerte, un éxito de crítica y público que nos hiciera levantar un poco el ánimo a aquellos que siempre nos hemos resistido a perder del todo la fe. Si nos quedamos con los datos, gélidos y contundentes, 'El Francotirador' es ESA película. Desde su estreno ha tenido de todo, notable aceptación crítica, una taquilla apabullante que la ha convertido en el mejor estreno de la carrera de su director, repercusión mediática, polémica con su mensaje/ideología y, claro, presencia en los premios más importantes, seis nominaciones al Oscar incluidas. En la superficie, todo bien, pero es ponerse a rascar y, claro, se ve el truco. Y de qué manera. El Eastwood en mejor forma coincide con su peor fondo.

     

    La autobiografía de Chris Kyle, un seal cuya leyenda se basa, exclusivamente, en haber batido el récord de muertes como francotirador del ejército norteamericano, aportaba el suficiente número de elementos como para optar por el optimismo. En manos de Eastwood, uno de los tipos que más y mejor ha reflexionado sobre el peso de los traumas, las cicatrices que deja el dolor en los huesos y en el cerebro, la insoportable levedad del corazón humano en medio del infierno cotidiano, la rabia en los ojos, la tristeza, los grises que deja el paso del tiempo, ya sean segundos, horas o toda una vida, uno podía esperar todo. Y se encuentra con lo obvio, con una banal propaganda patriótica, un artefacto de notable factura técnica pero nula profundidad dramática. Eastwood apuesta por dejar todo el peso del relato en las escenas bélicas que se suceden entre los paréntesis domésticos que nos dejan intuir lo que podría haber sido y nunca será. En Irak, en el campo de batalla, tenemos los mejores momentos cinematográficos, rodados con pulso, nervio, sabiduría en la acción y el suspense pero, más allá de eso, no se aporta nada que no se haya visto o escuchado antes (y mejor). Cuesta encontrar el ritmo en una película cuya narración es tan plana, tan automática y reiterativa, que tira de tantos estereotipos manidos y obvios. ¿Nos podemos conformar con un apañado blockbuster bélico? Claro, pero estaríamos haciéndonos un flaco favor. Y a Clint. 

     

    A un director de semejante tamaño le debemos exigir ir más allá, no caer en lugares comúnes que han sido mil veces habitados con anterioridad. La vida de Chris Kyle no ofrece mayor emoción que conocer las motivaciones que llevaron a un asesino a llevar a cabo sus asesinatos. Dios, la familia y la patria. O al revés. No hay en 'El Francotirador' ni una pizca de interés a la hora de hablar de las dudas, los conflictos morales o éticos, las consecuencias mentales y psicológicas después de los disparos. Sin embargo, tenemos buenos muy buenos y malos muy malos. Un enémigo radical al que dar caza. Acabamos con el lobo, salvamos al rebaño y a casa. ¿El después? Ruidos domésticos que se confunden con tiroteos, gritos infantiles que activan la memoria y destornilladores con ecos de tortura. Poco bagaje para un viaje que probablemente no merecía semejante homenaje. Pese a que un estupendo, aquí sí, Bradley Cooper intente hacer desaparecer cualquier arquetipo de héroe de guerra, el discurso está tan subrayado, es tan evidente, que es imposible esquivar la sensación de estar asistiendo a una invitación de más de dos horas para entender que, el ejército, es el medio más honesto para defender tu patria de los malvados invasores. Si no los matas en su terreno, viene a decir Kyle, terminarán poco más que quemando todas tus ciudades. Vulgar. Mucho. Eastwood deja para ese rincón de las oportunidades perdidas la película que podría haber comenzado en el epílogo. Un desenlace que abre la puerta al debate, a la reflexión. Un final que se resume en un letrero blanco sobre fondo negro. Rápido, sin complicaciones, que hay que llegar a los títulos de crédito entre banderas y estrellas. Apelando al sentimiento por el trazo más grueso. Las curvas que nunca llegan a favor del camino más recto. Puede que sean demasiados años al volante. Clint, a estas alturas, parece tener más ganas de músculo que de corazón. Y eso duele tanto, o más, que una bala. 

     

     

     

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