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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine, música y series. El cine es el primer arte, nunca el séptimo.

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 14
    Febrero
    2015

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    Cine Murcia

    'Cincuenta sombras de Grey' - Palos con disgusto

    'Cincuenta sombras de Grey'  -  Palos con disgusto

     

    Aislarse de un fenómeno, social y literario, como el de 'Cincuenta sombras de Grey' es imposible. Tú decides el tiempo, la dedicación y la profundidad con la que te quieres sumergir pero, tarde o temprano, te encontrarás en medio de una conversación sobre una tal Anastasia y un tal Christian, sobre sus juegos sexuales, sobre su historia de deseo, amor y pasión, sobre la excitación, el erotismo que desprende cada página, el calor en el cuerpo, el fuego en el fuego, el 'dame más'. Intentas, en cualquier caso, alejarte lo máximo posible para entrar virgen, sin bromas, a la sala de cine, inocente en la búsqueda de la clave que explique el revuelo, la locura colectiva, las cifras apabullantes que rodean esta adaptación cinematográfica de la que se ha hablado tanto antes, durante y (ya) después. Se apagan las luces, te colocas en el asiento, olvidas los prejuicios y las expectativas y te dejas llevar. ¿Hacia dónde? Al infierno. A la vergüenza ajena. A la desolación. A la tristeza de pensar que eso que estás viendo en pantalla es lo que ha conquistado el corazón y la mente de un número tan alto de personas. Dos horas más tarde las preguntas no solamente no han sido respondidas sino que han aumentado en número y en profundidad.

     

    'Cincuenta sombras de Grey' es una película insultante por muchas razones pero, más allá de unas cuestiones éticas y morales que, uno, no son radicales en ninguno de los sentidos y, dos, se han debido entender (muy) mal, nos encontramos ante una película vacía, mal contada, aburrida, sin vida, sin alma. Y, casi, sin sexo. Imposible tomarse en serio una broma de tan mal gusto, imposible no recurrir a la carcajada cuando en pleno 'éxtasis sadomasoquista', poned todas las comillas que tengáis a mano, observas al Señor Gray con sus vaqueros bien puestos. ¿Ella? Desnuda, claro, que para eso existe el lema del Hollywood más rancio de 'Tetas, sí. Penes, no'. Caducado, absurdo, estúpido hasta la médula. El problema no debe caer, en cualquier caso, sobre los hombros de su directora, Sam Taylor - Johnson, que viendo el cotarro y la imposición ególatra de la autora E.L. James ya ha dicho que una y no más, ni sus intérpretes, correcta Dakota Johnson (lo ¿mejor? de la película) y un inexpresivo Jamie Dornan, no, la culpa la tiene la propia historia. No existe. No hay. No la busquéis. 

     

    Tras un primer tramo con cierto aroma a comedia romántica que, visto con perspectiva, casi que se agradece, llegan los contratos, los palitos en el culo como clímax erótico-festivo-traumático, las confesiones de traumas infantiles bajo un atardecer en plena montaña, los paseos en avión, helicóptero y, básicamente, todo lo que lleve alas y peticiones, P-E-T-I-C-I-O-N-E-S, nivel 'por favor, hazme el amor, oh Señor Grey Todopoderoso'. Un disparate. Una película que te insulta como espectador, que ofrece un reflejo demoledor sobre la sociedad del siglo XXI, anclada en unos estereotipos anticuados y deprimentes. Ya sabéis, ellas siempre se enamoran de los cabrones hasta que los cambian y consiguen que reine el amor doméstico y sin sobresaltos. Ellos, si tienen dinero y están buenos, despiertan fascinación y pueden comprar todo. Incluyendo a sumisas estudiantes de filología inglesa, vírgenes por voluntad propia hasta encontrar el príncipe que les justifique entregar su flor. Y si, de paso, te compra un coche por tu graduación, pues mira, casi que da igual si es azul, rojo o verde. ¿Esta es la realidad? Pues, mirad, prefiero no saberlo. Y menos si, para llegar a estas conclusiones, hay que perder el tiempo y el dinero con una película que, en sus aspectos puramente cinematográficos, es un desastre absoluto. Ojalá Christian y Anastasia sean muy felices y se hinchen a perdices pero que no me cuenten cuentos. Y menos así. ¿Palos con gusto no duelen? Ve al cine a ver 'Cincuenta sombras de Grey'

     

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