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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine, música y series. El cine es el primer arte, nunca el séptimo.

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 08
    Julio
    2013

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    'Star Trek. En la oscuridad' - Medallas para Abrams

     La maquinaria hollywoodense tiene, entre todas sus manías, una muy buena y otra muy mala. La primera, consiste en profundizar, conocer, respetar y reivindicar el legado de sus genios más geniales, sus artesanos más profesionales y sus autores más exitosos. La segunda, sin dejar de llevar a cabo todas las tareas mencionadas, es buscarles sucesores a la más mínima. El nuevo Hitchcock. El nuevo Scorsese. El nuevo Eastwood. Y, claro, el nuevo Spielberg. El bueno de Steven, quien siga estas críticas sabrá de mi admiración absoluta ante la inmensa mayoría de su obra, continúa regalando obras maestras pero, por si acaso, y ya que la taquilla tampoco se rinde a sus pies como de costumbre (a pesar de la magnífica 'Lincoln'), va tocando encontrar al relevo, al director que cada vez que estrene película paralice a las masas y garantice explosiones de júbilo al ver los datos de taquilla tras el fin de semana. Al tipo que entienda al espectador, que se ponga en su situación, que justifique el precio de una entrada, que entretenga como el que más pero, cuidado, que no se olvide emocionar. Montañas rusas de toda la vida, aventuras clásicas de ayer con el aspecto apabullante de hoy. No ha sido sencillo, pero habemus (firme) candidato: J.J. Abrams. Un señor bajito, con gafas y gorra, que carga en su espalda con no pocas piedras (su faceta como productor televisivo es un saco de golpes para gran parte de la audiencia) pero, también, con muchas medallas. No ha reinventado nada, no lo pretende, pero ha resucitado varias cosas. Primero, el modo de consumir televisión y, después, el modo de consumir cine. Hace dos veranos, 'Super 8', su carta de amor desmedida, brillante, al cine que marco su infancia y que, sí, rima con Spielberg, ya nos hizo sentir a muchos que la ilusión por ver una película comercial puede volver a producirse. En 2013, repite jugada y nos planta 'Star Trek. En la oscuridad', segunda entrega de una saga que, milagro o no, también se ha encargado de regresar a la vida. Y cuenta, sin duda, como medalla.

     
     
    En 2009, la mayoría de  trekkies salivaron con el lavado de cara que Abrams realizó a una saga que transitaba por el desierto de la indiferencia más allá del fanatismo de toda la vida. El resto de público, entre los que me incluyo, dieron el voto de confianza, se acercaron a ver si 'el productor de 'Perdidos' había conseguido trasmitir vida al enfermo terminal y, sorpresa, se encontraron con una de las cintas de aventuras más redondas de los últimos años. Cuatro años más tarde, se ha cambiado el factor sorpresa por el factor expectativas, las dudas por las ganas, el entusiasmo presente y la certeza de que estamos ante una de las películas que van a pelear más fuerte por el título de blockbuster del año, categoría vilipendiada por muchos pero que no deberíamos cansarnos de reivindicar. Visto el resultado, Abrams puede estar más que satisfecho. Su parque de atracciones interestelar funciona como un reloj suizo, un festival de acción trepidante y espectáculo para TODO tipo de público, sea o no fan de la franquicia, que se permite, como no podía ser de otro modo, destellos del autor que se esconde tras la personalidad de Abrams. Estos detalles, más allá de los mencionadísimos destellos de luz, decisión formal que, honestamente, no me molesta lo más mínimo, se centran en las relaciones entre los personajes, en la omnipresente camadería, casi fraternal, y los aspectos paterno filiales, presentes a lo largo de toda la obra, televisiva y cinematográfica, del director. Escenas emocionantes que, lejos de tambalear el ritmo de la película, le concede un punto extra de valor, redondea la jugada, permite mantener los ojos bien abiertos pero, por si acaso, tener cerca un pañuelo. 
     
     
    Con una magnífica factura técnica, un guion menos arriesgado que el de su predecesora, mucho más convencional, pero igualmente valioso, 'Star Trek. En la oscuridad' sigue apostando por la diversión y el entretenimiento por encima de todo, sin olvidar los conflictos éticos y morales de unos personajes que han encontrado en sus actores, principalmente Chris Pine y Zachary Quinto, un carisma que parecía desaparecido. Si a esto le sumamos la presencia de Benedict Cumberbatch, actor inmenso, capaz de transmitir lo que le de la real gana con un solo gesto y que, aquí, se permite más de un recital, tenemos un factor, el reparto, más que completo. ¿El resto? A la altura. Michael Giacchino demostrando que ya es uno de los compositores más importantes de su generación (¿el mejor, quizás?) con otra banda sonora maravillosa, Dan Mindel ofreciendo una fotografía que, por muy polémica que sea, es cien por cien reconocible, y Abrams. El bueno de Abrams. El buenísimo de Abrams. Hacer que parezca fácil lo que no es. Es decir, tener atrapado al espectador durante 130 minutos sin opción al más mínimo despiste o bostezo, rendir homenaje a sus influencias (el estupendo prólogo es puro Indiana Jones) y a su propia obra, construir un artefacto que lleve al éxtasis al fan y al gozo absoluto al no iniciado. Tomar caviar en un restaurante cinco estrellas siempre estará más, y mejor, valorado que devorar un helado en un parque de atracciones. Pero, a veces, se pasa mejor en el segundo de los casos. Por cerra el círculo, diremos que a Abrams todavía le falta mucho para ser Spielberg. Por no mentir, diremos que, muchas veces, parece que el alumno se acerca peligrosamente al Maestro. Y no tengamos miedo a admitirlo, después de todo, no es más que una gran noticia. Como 'Star Trek. En la oscuridad'. Gran cine de entretenimiento. Gran cine de espectáculo. Gran cine, a secas.

     

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