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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine, música y series. El cine es el primer arte, nunca el séptimo.

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 19
    Abril
    2013

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    ' On the road' - De nadie

    Recuerdo cuando leí por primera vez 'On the road' de Jack Kerouac. Esa sensación, ese aroma a libertad, esa magia que desprendía cada página, el olor a cigarrillo y bares de jazz, a rueda gastada y sudor en la frente, a sexo salvaje y delicado, desesperado, inocente, ingenuo, carente de sentido, lleno de pasión. Aquel libro elevaba la generación beat a universal, transformaba a sus protagonistas en testimonio generacional de puño y letra, fantasmas ansiosos de carne que deambulaban por carreteras perdidas intentando encontrar respuestas, o preguntas, y que terminaban descubriéndose abandonados a una suerte que, sin buscarla, pocas veces aparece. Todos podíamos vernos reflejados en los anhelos, las dudas, los desvaríos, la locura de Sal Paradise, Dean Moriarty y Marylou, tres personajes claves para entender la (mejor) literatura norteamericana del siglo XX. Ahora, todas aquellas imágenes que proyectamos mentalmente durante horas y horas de lectura se hacen realidad, ponemos rostro a esos nombres, música al camino, voces a sus palabras. Y uno, visto el resultado, hubiera preferido que el tesoro se hubiera quedado escondido entre sus páginas.

     

    Walter Salles, director responsable de películas tan extraordinarias como 'Diarios de motocicleta' o 'Estación central de Brasil', ofrece la peor adaptación posible del texto de Kerouac. O, mejor dicho, la más dolorosa. Ausente de todas las virtudes, infinitas, que atesoraba la novela, 'On the road' se pierde en la nada más absoluta, la narración más torpe, la superficialidad más molesta. A Salles solamente parece importarle el lema 'sexo, drogas y rock and roll' para definir a una generación a la que deja desprovista de la más mínima reflexión a favor del morbo, el énfasis ridículo, la escena de cama de turno. Tampoco ayuda su trío protagonista formado por Garrett Hedlund, Sam Riley y, sí, Kristen Stewart, esa actriz que ha decidido cargar sobre sus espaldas con una saga infumable que marcará, para mal, todos los buenos trabajos que realice a partir de ahora. Sirva esta película como ejemplo. Viggo Mortensen, Amy Adams, Elisabeth Moss, Kirsten Dunst, Terrence Howard y Steve Buscemi también aparecen para aportar algo de valor interpretativo a una propuesta que, ni con esas, consigue salvarse.
     
     
    Se puede pensar que una crítica así puede nacer de la comparación, odiosa comparación, entre el libro y su adaptación, pero no. Dudo mucho que alguien que no haya leído la novela decida hacerlo después de ver una película aburrida, carente de alma, torpe, capaz de desaprovechar una oportunidad de oro, complicada, sí, pero de oro, para transmitirnos algo de la belleza y encanto de su referente literario. 'On the road' es uno de esos libros que pueden cambiarte la vida, ofrecerte argumentos para verla de otro modo, descubrir tu reflejo, sentir cosas, vivir experiencias, olvidar pasados e inventarte unos nuevos. 'On the road' es, ahora también, una película que duele, por lo que pudo ser y no es. Por lo que debería haber sido y no quiere ser. Siempre nos quedará el reencuentro con Sal, Dean y Marylou en las páginas que nos regaló Kerouac. Y yo, lo primero que haré cuando los vuelva a ver, será pedirles que no vean su película. O, mejor dicho, la película que debería haber sido suya y nuestra y que, lástima, no es de nadie. 

     

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