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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine, música y series. El cine es el primer arte, nunca el séptimo.

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 30
    Octubre
    2011

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    'Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio' - Sed de aventuras

    Recuerdo cuando de pequeño, en uno de mis cumpleaños e incitados por el hambre de lectura que iba desarrollando, mis padres me regalaron ‘El cangrejo de las pinzas de oro’, una de las historias protagonizadas por Tintín y en la que, además, aparecía por primera vez uno de los personajes claves de sus aventuras, el capitán Haddock. Debo confesar que, pese a los intentos, nunca me cautivó en exceso ese reportero que investigaba con pasión tramas que no despertaban interés alguno en mí búsqueda de aventuras literarias juveniles. De ese modo dejé olvidado en un rincón de mi habitación ese cómic tras rendirme ante la evidencia de que jamás lo terminaría. Quizás por eso  recibí la noticia de que Steven Spielberg, acompañado de uno de sus discípulos más aventajados, Peter Jackson, se pondría al frente de una trilogía centrada en el personaje creado por el autor belga Georges Remi, Hergué, con moderada ilusión, sentimientos encontrados en los que se mezclaba mi antipatía por su protagonista y la admiración desbordada que siento por uno de los directores más relevantes del séptimo arte. Pero, como siempre ocurre en estos casos, lo importante no es el antes, ni las referencias, ni siquiera las expectativas, sino lo que pasa cuando las luces se apagan y empieza el espectáculo en la pantalla. Y, precisamente ‘espectáculo’, es lo que mejor resume esta primera adaptación cinematográfica de Tintín.

    Porque Spielberg regresa a lo que mejor saber hacer, sin menospreciar lo más mínimo su magistral mano para el drama, es decir, el cine entendido como puro entretenimiento, evasión durante dos horas de todo lo que sucede alrededor de uno mismo mediante la maravilla visual de historias pensadas para todos los públicos convirtiendo la visión de una película en la experiencia más universal posible. ‘Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio ofrece todos estos elementos ‘made in Spielberg’, depurando su personalidad hasta la esencia básica, la de la aventura capaz de mantenerte pegado al asiento, transformado la butaca en el asiento de una montaña rusa que no te deja respirar, en continuo y espléndido movimiento, sin poder apartar la vista de lo que sucede en la pantalla y sin opción a cerrar la boca por lo apabullante de sus imágenes. El mago Spielberg, término que en esta ocasión se hace indispensable, ofrece con su Tintín la película más trepidante y, seguramente, espectacular de su carrera. Y eso, para el creador de, entre otras, ‘Parque Jurásico’, ‘E.T.’ o la saga ‘Indiana Jones, es mucho decir.

    En esta aventura de barcos piratas, tesoros escondidos y torpes carteristas, podemos encontrar además algunas de las escenas más deslumbrantes de toda la carrera del Rey Midas de Hollywood, alcanzando su cima ese plano secuencia por las calles de Baggar que merece todos los aplausos y justifica, de largo, una entrada. Acompañado por la inestimable ayuda de la espléndida banda sonora de su inseparable John Williams, Spielberg ha conseguido facturar un trabajo cuya factura visual alcanza sin problema alguno la excelencia convirtiendo a sus referentes más inmediatos, ‘Cuento de Navidad’ o ‘Beowulf’, en películas ‘anticuadas’. Pero, más allá de sus aspectos técnicos, lo mejor de este primer Tintín es su sentido de la aventura, la búsqueda del entretenimiento masivo, del disfrute general, de contar una historia sin permitir un segundo de descanso a los espectadores que no podemos hacer nada más que dejarnos llevar por una película repleta de gloriosos momentos y que supone, además, la comunión definitiva entre la aventura más clásica y la tecnología más moderna. En definitiva, todos aquellos amantes de Tintín, disfrutarán, todos aquellos que no lo son, también, y, cualquier persone que ame el cine, más de lo mismo. ¡Canastos! Me olvidaba que tengo que ir a mi habitación a buscar un cómic que me regalaron cuando era pequeño.Algo sobre un cangrejo con pinzas de oro. Será por la sed insaciable de aventuras que regala Spielberg.

     

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