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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine, música y series. El cine es el primer arte, nunca el séptimo.

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 06
    Diciembre
    2012

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    'La vida de Pi' - Un camaleón llamado Ang Lee

    Desde sus títulos de crédito iniciales, 'La vida de Pi' se nos presenta como una obra amable, cercana y buenrollista, la primera película oficialmente 'académica', no olvidemos que la temporada Oscar está ya sobre nosotros, que llega a nuestra cartelera y abre la veda para el aluvión de dramones, finales felices y proyectos indies que con el boca a oreja terminan colándose en todas las quinielas. Durante su primer tramo, esta adaptación de la novela homónima de Yann Martel juega al despiste, acercándose a la parodia y al Bollywood menos musical pero igual de surrealista, a la comedia más facilona, obligando al espectador a esperar que su director empiece a mostrar sus cartas. Porque no es uno cualquiera. Ang Lee, uno de los grandes por méritos propios, realiza una mutación más, un cambio de registro cercano al que llevo a Martin Scorsese el año pasado a facturar una de sus mejores películas, 'La Invención de Hugo', y se atreve con su 'gran película familiar'. Y uno intuye que para el realizador taiwanés lo mismo es rodar una de las películas de amor más desoladoras y redondas de los últimos años ('Brockeback Mountain'), capturar la poesía en las artes marciales ('Tigre y dragón'), adaptar con maestría  obras atemporales ('Sentido y sensibilidad') o, incluso, dinamitar expectativas, y nervios, con superhéroes de cómic ('Hulk'). Su sello está presente en todas y cada una de ellas, ya sean mayores o menores sus logros.

     
    'La vida de Pi' se puede, y en el fondo debe, analizar desde dos perspectivas que, normalmente, suelen ir juntas pero que en casos como el que nos ocupa juegan dos papeles bien diferenciados. La forma y el contenido. En su apartado técnico y visual estamos ante una obra deslumbrante, realmente excepcional, con el mejor uso de las tres dimensiones que se ha podido ver en un cine hasta la fecha, no solamente por su altísima calidad, uno se mete, literalmente, dentro de la película, vive en primera persona la aventura de su protagonista, sino por su necesidad. El 3D como elemento imprescindible para disfrutar una película y para entenderla por completo, sufrir y vivir, hipnotizar y descubrir. Así sí. Respecto al contenido, mucha cosa, demasiada, se había escuchado. Que si no era más que un sermón, que si Lee se ponía en modo predicador para abrir los ojos del espectador o si se trataba de un discurso de primero de autoayuda. Pues bien, ni tanto ni tan poco. 
     
    El guionista de David Magee es consciente de lo que lleva entre manos, del riesgo asumido que presenta un libreto que comienza atiborrado de dosis religiosa, variada para que ningún público se sienta ignorado, pero que pronto se transforma en una epopeya de descubrimiento personal y vital que cautiva con los mínimos elementos. Por eso, y con la inestimable ayuda de un Ang Lee al que se le nota, quizás demasiado, la preocupación de no convertir su trabajo en una clase de religión, los golpes de efecto y giros de guión, que los hay, terminan dando al conjunto un soplo de aire fresco y renovado, un último discurso posible que eleva la reflexión principal, facilona y simplista, a otro nivel. Después de todo, no se trata tanto de creer o no en Dios sino de la necesidad real de tener algo a lo que agarrarse para justificar el dolor y las acciones y comportamientos más oscuros del ser humano. Aunque, por encima de todo eso, 'La vida de Pi' triunfa por decantar el pulso entre lo hortera y lo majestuoso, lo cursi y lo conmovedor, por las dos últimas en ambos casos. Al tigre de Bengala, la hiena, el orangután y la cebra toca sumarle una nueva especie. Un camaleón llamado Ang Lee. 

     

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