Blog 
Pantalla Grande
RSS - Blog de Alberto Frutos Díaz

El autor

Blog Pantalla Grande - Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine, música y series. El cine es el primer arte, nunca el séptimo.

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


Archivo

  • 19
    Diciembre
    2014

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    'El Hobbit. La batalla de los cinco ejércitos' - Y fin

     

     

    Parecía que este momento nunca llegaría pero, ahora sí, Peter Jackson y su equipo dicen adiós a la Tierra Media creada por J.R.R. Tolkien concluyendo su segunda trilogía en trece años. La primera, 'El señor de los anillos', sirvió para demostrar que el cine épico tiene su (merecido) espacio dentro de la historia del séptimo arte, que se puede conseguir transmitir a través de una pantalla grande la emoción que desprenden las hojas marcadas de un libro, que la calidad no está reñida con lo masivo, que hasta los Oscar saben apreciar el cine fantástico. Porque era eso. Y mucho más. Era un acto de amor de un fan a su niñez y los personajes que la poblaron, el logro titánico de un director que supo entender lo que necesitaba el material literario que tenía entre manos, la consagración de un autor que hizo del equilibrio entre la sensibilidad y el 'más todavía' su marca personal. Todo funcionó tan bien, todo terminó de una manera tan magistral con 'El retorno del rey' que el anuncio de una nueva trilogía, en este caso adaptando una novela, 'El hobbit', considerablemente inferior en número de páginas que su referente directo, se recibió como una buena noticia. Después de todo, nos ofrecía la oportunidad de regresar a un mundo que se había instalado, con toda justicia, en la memoria cinéfila colectiva. Hasta que llegó su primera entrega.
     
     
     
    Aquel primer viaje inesperado supuso una decepción considerable, una historia inocente y socarrona que tarda más de una hora en encontrar su ritmo, el tono de aventura familiar que necesitaba. Aquel sabor agridulce se terminó de empeorar con su secuela, 'La desolación de Smaug', continuación que sumaba defectos, con el exceso de metraje como principal culpable, y disminuía virtudes. No, oscurecer el relato no era la solución para obtener mejores resultados. Con el cansancio general acumulado, Jackson se enfrentaba al capítulo final con las expectativas del respetable mucho más bajas que en el comienzo, algo que, a la larga, le ha venido más que bien a la saga. Porque lo que sus predecesoras no supieron hacer, o quizás su naturaleza de relato estirado hasta la extenuación no le permitía, esta batalla de los cinco ejércitos consigue con armas tan básicas como la diversión, el entretenimiento y la acción constante. Los personajes, salvo excepciones contadas, siguen sin importar demasiado, carentes de carisma o personalidad alguna, pero la historia despega definitivamente para construir alguna trama que tiene, por fin, un peso digno. Martin Freeman, Ian McKellen y Richard Armitage aportan el talento interpretativo en una película que se disfruta con facilidad, que aporta una dosis extra de oxígeno a un relato que andaba perdido en la nada, que tiene más épica, entretenimiento y emoción que sus dos antecesoras juntas. No era especialmente complicado pero se debe valorar.
     
    Peter Jackson, que confesaba en una entrevista reciente que andaba algo descolocado a estas alturas del proyecto, consigue la mejor película del lote, a pesar de que todos sus logros los podíamos encontrar, en mayor cantidad y con mayor calidad, en la primera trilogía. Uno puede sentir desde la butaca su intento constante por ofrecer una despedida digna a un universo que le ha dado todo, absolutamente todo, a una carrera que deberá aprender ahora a seguir su propio rumbo, sin apoyos de Tolkien al lado. Queda para el recuerdo un epílogo que conecta directamente con aquellas historias protagonizadas por Frodo, Sam, Aragorn o Gimli, personajes con los que nos gusta seguir reencontrándonos a lo largo de los años. No parece que eso vaya ocurrir con Bilbo, Thorin o Tauriel.  No se deben establecer comparaciones, no es justo ni, en cierto sentido, coherente en este caso,pero también es inevitable. Lo mejor será quedarse con los grandes momentos, inolvidables algunos de ellos, que nos ha regalado esta comunión total entre cine y literatura. Una monumental obra que, pese a no terminar por todo lo alto, ha aportado muchas más cosas positivas que negativas. Una sensación de despedida generacional que, al igual que ocurrió en 2003, concluye con una sonrisa. Y fin. El viaje, con sus baches, ha merecido la pena. 
     
     
     
     
     
     

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook